Por motivos de salud nos recomendó el médico que nos fuéramos a vivir a las afueras de Valencia, buscando un sitio más seco y soleado. Nos compramos un piso en Benimàmet. Un piso nuevo, con cinco habitaciones y con la posibilidad de hacernos una terraza.

Con el permiso del vecino de abajo, que tenía una terraza muy grande, construimos nosotros otra arriba de la suya, con lo cual a él se le quedaba media terraza cubierta, cosa que le favorecía. La construcción de la terraza fue complicada. Recuerdo cuando se tuvo que subir una viga de hierro, que era la que soportaba la construcción. Aquello fue, como he dicho, muy complicado.

¡Ya teníamos terraza! Los niños contentos, la verdad es que la disfrutaban. No tenía mucho tiempo para sacarlos al parque y la terraza era un desahogo. Aprovechando el espacio, allí tenían los juguetes y unas sillitas y alguna mecedorita, que en aquellos años estaban muy de moda. Eran de tubo de acero y los asientos y respaldos de macarrón de plástico.Teníamos ya cinco niños y cada uno tenía su sillita. Entre los cinco había dos que eran bastante “trastos” y atrevidos. También hay que decir que el mayor aún no había cumplido los seis años.

alt="piso nuevo con terraza"Bueno, a lo que iba, un día estaban jugando tan tranquilos, yo no sé lo que les pasó por la cabeza que empezaron a tirar por el lateral de la terraza los juguetes, las sillas y mecedoras. Menos mal que lo que había bajo era un solar, que estaba cerrado y sin peligro para nadie, con lo cual no podíamos acceder a él.

Después de la correspondiente riña venía la segunda parte, ¿cómo rescatábamos todo aquello? Porque el solar era inaccesible y no conocíamos a los dueños. Para probarlos mi marido les dice: «a ver quién bajaba atado con una cuerda en la cintura y coge las cosas». El mayor ,que siempre ha sido más sensato, dijo que él no se atrevía, que estaba muy alto. Pero los otros dos sí que querían bajar atados con la cuerda, convencidos de que lo podían hacer, y lo divertido que era el poder subir todo lo que habían tirado. Por supuesto buscamos otra alternativa para recuperarlo todo.

Esto demuestra que cuando tienes varios hijos cada uno tiene su propia personalidad, que ya desde pequeños lo van demostrando, y a cada uno tienes que tratarlo de una manera, no puedes emplear el mismo patrón para todos. A unos los tienes que animar a hacer las cosas y a otros frenarlos.

En fin, la difícil tarea de educar.