Durante el tiempo que estuvimos fuera de Valencia, como ya he comentado, tres viajes al año eran obligatorios. Esto que voy a contar fue uno de estos viajes, eran Navidades y las veníamos a pasar con la familia.
Vivíamos en Almería y ya teníamos nuestros siete hijos y el coche, aquel que estrenábamos cuando el porrazo de una de nuestras hijas, un R-12 ranchera. Preparamos el equipaje para nueve personas y con pequeños, que siempre tienes que ser más previsora con la ropa. En fin, una buena carga de maletas.
Al coche le poníamos una súper baca, en la cual colocábamos las maletas, porque dentro ya hacíamos bastante con meternos los nueve que ya sumábamos entre los niños y nosotros. Después de preparar bocadillos, agua, zumos y alguna pastilla para el mareo salimos en dirección a Valencia. Siempre el viaje de ida era con mucha ilusión, los niños nerviosos, apenas habíamos hecho algún kilómetro ya estaban preguntando: “¿Cuánto falta,papá?¿Ya llegamos?” En fin, lo normal, los más pequeños se dormían y los mayores y nosotros cantábamos, así se hacía más ameno el viaje.
El pinchazo
Al llegar al pueblo de Fuente la Higuera, que lo recuerdo por las curvas tan malas que tenía (y creo que todavía tiene), pinchamos una rueda. No era raro con la carga que llevábamos, nos bajamos mi marido y yo y se cambió la rueda. Continuamos el viaje, hay que decir que en esa zona y esas fechas hacía un frío que no se podía estar fuera del coche.
Retomamos el viaje con la intención de buscar un sitio para que nos arreglaran el pinchazo, pero, ¡ay! , antes de encontrar el taller volvimos a pinchar otra rueda. No tuvimos más remedio que apartar el coche a un lado de la carretera, yo quedarme con los niños dentro y mi marido, con la rueda pinchada, buscar el sitio más próximo para que arreglaran el pinchazo. ¡Menos mal que no nos habíamos alejado mucho del pueblo y la pudieron arreglar!
Land Rover nuevo
Después de esta odisea decidimos que había que cambiar de coche, uno en el que pudiéramos ir los nueve y todo el equipaje. Entonces no se conocía la gama tan extensa que hay ahora de coches grandes monovolumen, que son amplios y cómodos, y tuvimos que optar por el Land Rover, un coche duro e incómodo para conducirlo, pero cabíamos todos y cada uno tenía su asiento, y una gran baca para el equipaje.
Los viajes nos resultaban más cómodos, a pesar de lo incómodo del coche por su dureza; y así seguimos haciendo los viajes. Cuando nos trasladaron a Valencia aún lo mantuvimos un tiempo, venía muy bien por su capacidad y lo podíamos meter por caminos, riachuelos etc, que con otros coches no se podía, y esto seguía siendo una aventura que nos unía y daba emoción.