Una patata (papa) tiene la capacidad de dar al traste con la mejor presentación que uno pueda llegar a dar de una persona…Y “las conchas de los galápagos solucionan las obras más conflictivas”

Eran tiempos difíciles, en los que uno se las tenía que ingeniar para conseguir vender un producto, aunque fuese revestido del mejor planteamiento técnico que se pudiera dar a una necesidad. La cuestión era dar a tu cliente soluciones a todos sus problemas, en base a tenerlo tú todo previsto antes. Y yo lo hacía así y más.

Era una tierra en la que había muy poca agua, así es que para poder vender tubería los usuarios debían tener primero una necesidad que cubrir. Por eso lo primero era encontrar agua y yo, un perito industrial, eso sí antiguo, que no viejo, me dedicaba con las fotografías aéreas del vuelo de los americanos, del año 75 me parece recordar, y unas gafas de geólogo, a buscar fallas en terreno mediante el sistema de seguir las fotos superpuestas en las que se aprecian las montañas en relieves y las fallas en trazos discontinuos.

Trabajos de investigación previa

 

 Las fallas son hundimientos que han tenido las montañas, quedando una separación entre las partes y donde ir a parar el agua y funcionar por estas paredes encajonadas en dirección generalmente al mar. El ejemplo más claro de estas fallas lo vemos en esas montañas, como cortadas a cuchillo en una cara, que representan que la otra parte se ha hundido. Generalmente estas fallas, aunque no las veamos a simple vista, en las llanuras, tienen trazos que las distinguen con el sistema de las gafas y las fotografías superpuestas. Perdón por el rollo.

Bien, pues con este sistema yo descubría dónde había una posible falla, después sin pagar me llevaba a un geólogo para que confirmase mi teoría, sin cobrar. Sólo si salía adelante les haría el proyecto y les cobraría y si el tema tenía ojos y cara, entonces localizaba a la Comunidad de Regantes más próxima o al ayuntamiento correspondiente (estos últimos procurábamos por cuestiones de cobro que fuesen los menos posibles, por ser mal pagadores en líneas generales) y les vendíamos la idea.

Pues bien, suponiendo que fuese una comunidad, le orientábamos de costes mediante el estudio y levantamiento topográfico de la zona. Le presentábamos a unos técnicos competentes que les pudiesen hacer el proyecto para efectos de subvenciones y trámites oficiales y le vendíamos los materiales a precios del mercado, que era nuestro interés.

Un apellido de alcurnia

 

Todo este proceso lo habíamos desarrollado. El pozo tenía 150 litros por segundo, la comunidad de regantes estaba constituida por personas de mucha categoría, así es que quisieron hacer todo a mucho nivel y con todo lujo de estudios y una selección previa de los técnicos que presentábamos.

ingenuoEl presidente (había sido el alcalde del pueblo), persona de una gran cultura categoría y peso específico, se quiso mojar por un técnico joven, hijo de otro técnico de mucho renombre, así es que tomó cartas en el asunto y le vendió a la comunidad la idea de que, aunque era joven, era un técnico de gran formación y experiencia ya vivida con su padre.

Yo personalmente también lo puse en el tema hidráulico por las nubes. Hasta que llegó el momento de visitar la obra y allí nos ves al presidente, nuestro joven técnico y algunos miembros de la junta, (unos, lógicamente contrarios a nuestro técnico por razones imaginables), metidos es un Land Rover largo, recorriendo la obra.

Todo fue bien hasta que nuestro técnico, tan preparado en temas agrícolas como nadie (según la prensa), dijo con su voz más cándida y con el tono de sorpresa de haber encontrado una cervatillo en el bosque. “Pedro, ¿qué plantas son esas con flores tan bonitas?”

Dichosa flor…

Hacía aquel día un calor insoportable. El coche daba saltos de un sitio a otro, pero yo noté que el presidente se quedaba rígido, quieto y como quien recibe un jarro de agua fría. Yo no me atreví a contestar y de pronto, el presidente se volvió y dijo “Fulanico, eso es la flor de las papas”. Los contrarios se rieron, nuestro técnico, como cualquier camaleón, copió el color de las amapolas que había en el trigal, y el secretario, que era el chófer, defendiendo al presidente, tuvo a bien coger a toda velocidad un bache que nos hizo a todos cambiar de pensamiento y maldecir al secretario, para iniciar un dialogo sobre las cubiertas de las ruedas de estos coches, que tan duras quedaban y que aunque no interesaba a nadie, sirvió para no tirar del coche al técnico.

El galápago y sus conchas

 

 Ya a solas el presidente le dijo más que a “pell de focha” Y a mí, en su presencia, me dijo que quería que los cálculos los hiciese yo. No hubo ningún nuevo incidente en la obra, salvo que la dirección de la misma la hizo un veterano, con más conchas que un galápago, que nos dio a cada uno lo nuestro, por no haberlo seleccionado a él para hacer aquel proyecto, que no servía para nada y que ahora tendría que arreglar.

Ya se sabe lo que decimos todos para vender nuestro trabajo desprestigiando al anterior, solución innoble y barriobajera, pero que se cobra. En estas situaciones me quiero imaginar la actuación, pero con personajes como los héroes del cómic: Mortadelo, Filemón y el Súper. En este reparto el Súper fue el presidente, Filemón fuimos el proyectista, la comunidad y yo, y Mortadelo, el director de obra del que recibimos las críticas habituales y las zancadillas no esperadas, eso sí, con su mejor cara de inocente.

 

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