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En pocas ocasiones en la vida te encuentras escenas como esta para poderlas plasmar con tu pincel en un lienzo. Es un momento fugaz en el que percibes toda la ternura y el amor del mundo en ese gesto de la madre hacia el hijo.

Después, analizando la actitud del hijo, puedes percibir también otros sentimientos, de confianza, deseos de información sobre la madre y esa gracia y capacidad que tienen todos los niños del mundo para con sus madres.

Por todas estas razones los quise pintar y dejar constancia del momento, para quien le pueda interesar y quizá para el propio niño en un futuro. En el fondo he dejado unas ramas de olivo que, además de signo de la paz, representan para mí el futuro, en esas flores a punto de abrir y que se convertirán en fruto, como este niño.