Nos estábamos quejando del robo de herramienta en las obras ante un amigo policía y entonces él nos contó esta historia.

Se trataba de un pajarito encerrado todavía a estas alturas en la cárcel,  donde ha ingresado en varias ocasiones. Era de un pueblo del interior. Habían robado varias veces. La policía local se colocó en torno al sitio donde robaban en sábados y en determinadas fechas. Y la cosa dio resultado. También a determinadas horas vieron que a través de una obra un individuo accedía a los tejados, donde había practicado un agujero por el que entraba en la vivienda. Desde allí accedía a su vez al establecimiento que robaba.

Los policías se habían dispuesto de la siguiente manera: tres alrededor de la obra, por la que suponían que habría de acceder y volver a salir él o los ladrones; otro en los tejados, por los que estimaban habría de pasar. Y el último dentro del edificio por el que entraría a la tienda.

El ladrón hizo todo el recorrido previsto hasta llegar a donde estaba el último policía, el más grueso, dentro de la vivienda. Allí él detecto su presencia. Inmediatamente salió corriendo y el policía de dentro también. Salió por el agujero por el que había entrado, el policía no cupo, y por más que gritó: “¡Alto o disparo!”, el ladrón corría más que las balas.

Al del tejado no le dio tiempo ni a ponerse de pie sobre las tejas y los tres de debajo se quedaron con dos palmos de narices, porque el mozo en cuestión se fugó por una ventana abierta en otra casa. Lo que sí les dio tiempo a ver a todos, es que se trataba de «el francés”. Apodo adoptado por aquellos tiempos de la vendimia en Francia, en donde apodaron también así a su padre.

» Si se ha salvado, mala suerte»

 

Su padre estaba del hijo hasta el pico de la boina por muchísimas razones, relacionadas con la vida de una persona en un pueblo y por el oficio del hijo. Hasta tal punto estaba harto que la primera vez que robó un coche y se estrelló con él,  cuando el Guardia Civil le llamó para decirle que su hijo había tenido un accidente de coche, lo primero que preguntó es si se había matado. Y al contestarle que sólo estaba herido leve, dijo:  ”si sa salvao, mala suerte”.

El jefe del equipo (mi amigo) salió corriendo y se dirigió a su casa, donde asfixiándose, lo cogió y le puso los grilletes. El tal “francés” era un delincuente habitual que estaba de permiso de fin de semana de la cárcel, y que aprovechaba para hacer provisiones de dinero y caprichos.

Lo primero que hizo fue ponerle una denuncia a mi amigo, durante su comparecencia ante el juez, porque le había puesto muy apretados los grilletes. Lo segundo es que, después de la amonestación del juez que le había ordenado personarse en la cárcel, fue a robar un coche en la puerta del juzgado a una persona del mismo, para desplazarse a la cárcel. Y lo tercero fue crear una polémica entre los funcionarios del juzgado, conocedores del resultado de la amonestación y del robo, ya que pensaban que debería de haber sido el juez quien hubiera dejado su coche en las puertas del juzgado para que se lo robaran.

Mi amigo tuvo que ir varias veces a declarar y presentar documentos por haber arrestado a aquel individuo y apretarle los grilletes.  El colmo fue el padre del muchacho, que le espetó un “usted la tiene tomada con mi chico”.Y como le dijo mi amigo: “pero… ¿qué dice? Si yo sólo lo he detenido tres veces de las treinta y una que lleva….” . Y es que los hay de exagerados…

Me acordé de una frase que escuché a un ciudadano, a mi juicio totalmente injusta ahora, quizás en aquellos años 60 no. Y es que ¿quién nos protege de los protectores…? Ahora se tendría que cambiar y decir ¿quién protege a los protectores…?. No comment.