Las mayores ilusiones de mi vida han sido formar una familia y sobre todo mantenerla unida, cuestión que no he tenido fácil. En más de una ocasión he corrido riesgos al intervenir intereses económicos, y además ajenos a nosotros mismos.

Cuando me salí de la empresa en la que trabajaba monté con otros compañeros mi consulting de ingeniería, con más ilusión que realidad económica (o sea capital). Yo tenía varios objetivos que además he cumplido con satisfacción, que no sin dificultades. Uno de ellos era que trabajando en empresas que desde su inicio han sido competencia entre ellas y alguna vez competencia hasta conmigo, esto influyese lo menos posible como familia.

Así cuando desde RAO he organizado algunos cursos sobre temas relacionados con la hidráulica he procurado que todos ellos estuviesen presentes y participasen, de forma que en el mercado fueran o no competencia, pero en las actuaciones con su padre se sintieran unidos. En relación a los temas he procurado que les formasen y les dieran más conocimientos, siempre que fuese posible.

De esta manera fue como metí a mi hijo Fernando en la complicación de dar una charla sobre automatismos  y válvulas hidráulicas, que además él desarrolla de maravilla porque ha llegado a estudiarlas y comprenderlas a partir de su estudio, ensayo y cálculo.

 Mi ángel de la guarda lo pasó crudo

 

En todos los cursos, por si acaso y por otras cosas que no vienen al caso, he procurado estudiarme todos los temas para que, en caso de enfermedad del ponente o cualquier otra dificultad, pudiera yo desarrollarlo. El problema me vino cuando todo funcionaba según lo previsto hasta media hora después de empezar la charla. Fernando, de una charla en varias etapas, que debería durar cinco horas, en medio del fragor de la batalla me dijo: “papá, sigue tú”.

No sé si os podéis imaginar mi cara y mi cuerpo, yo notaba los pelillos de los brazos de punta, vaya, lo que se dice carne de gallina. y preguntaba : «¿con qué, de qué quieres que hable, de qué has hablado?» Preguntas a las que tu hijo, que de verdad se ha puesto malo, que está con la cara amarilla por la dichosa mayonesa de la comida en el día anterior, no te puede contestar. Cualquiera del resto de charlas eran relativamente fáciles de sustituir, aunque sólo fuera porque se trataba de charlas de una hora, ¡pero esta era de cinco horas!

Yo que me había dejado los esquemas en el hotel, que no había presenciado su primera hora de charla, que ni por asomo me esperaba aquella jugada, me incorporé al estrado diciendo: » tranquilo, hijo, no pasa nada, yo continuaré». Afortunadamente para el orador “los sufridores” no han oído al especialista, con lo que lo que digas bien dicho está, pero aquello fue demasiado para mi imaginación. Hablé cuatro horas sobre válvulas. Cambié, como luego comprobé, algunos planteamientos, pero me defendí como gato panza arriba.

Me echo estas flores porque son verdad

 

Y es que no hay nada como ver un grupo de gente mirándote y esperando que les hables de un tema que ellos esperan que lleves muy bien preparado. A nadie se le ocurre pensar que es muy largo y difícil, aunque tengas muchas tablas o muchos años, que viene a ser lo mismo.

Quiero advertirte, lector, que los asistentes a este curso, que habían pagado 45.000 pesetas por barba, cuando acabé la charla me felicitaron. También hubo muchas preguntas a las que gracias a todos los santos, santas, ángeles de la guarda, Dios y demás asideros respondí bien, a juzgar por los comentarios.

Comentarios que me supieron a gloria porque venían no de amiguetes, sino de gente que, además de pagar, eran del sector. Me echo estas flores porque son verdad y además porque seguro que nadie me las va a echar si no lo hago yo. Y me compensan del recuerdo de la carne de gallina y el frío recorriéndome la espalda, cuestión que todavía me ocurre.

Perfeccionista que es uno

 

Por mi carácter perfeccionista nunca he ido a ningún tema sin prepararme lo mejor que he sabido, pero la cruda realidad es que mis mejores charlas han sido aquellas en las que me he basado en mi experiencia, pese a este conocimiento de teórico me sigo preparando siempre, y es que hay cosas que no tienen arreglo.

En distintos cursos posteriores y por si acaso, siempre he tenido previsto el “papá, sigue”, aunque a fuerza de ser sincero, nunca más lo he tenido que ejercer, siendo yo el primer beneficiario al tener que estudiar todas las charlas.

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