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Este cuadro (1,20 x 83) quiere ser una alegoría de lo que hemos querido que fuera nuestro  matrimonio, en donde dos van caminando juntos y de pronto, por una necesidad, el otro lo es todo para él, o para ella. Como se trataba de coger al brazo es él, teóricamente más fuerte, quien la coge a ella y la lleva. En otras ocasiones será ella, por ejemplo ante una enfermedad, la que le lleve a él..

He querido dejar las huellas en la arena para que se vea que cuando uno de ellos mira al pasado y no ve al otro junto a él no es que no estaba, es que a lo mejor, como en el caso actual, lo lleva en brazos. En este cuadro, tan real como la vida misma, los dos hemos hecho nuestra andadura, y como se ve lo importante para nosotros es haber dejado huellas a través de nuestros hijos, que son como ese reflejo en el agua, reflejo nuestro.

Cuando somos jóvenes siempre pensamos en apoyarnos o en apoyar a los demás, cuando te haces mayor, lo que realmente ocurre es que el uno para casi todas las cosas necesita al otro. Pienso que hasta cuando uno falta, necesita y tiene al otro a su lado siempre hasta el fin de sus días. Sin querer o queriendo te vas trasformando en el otro de manera que acabamos teniendo siempre parte de él,

El día es nublado, la playa en este caso es la de Puzol, que a pesar de las nubes invita a ver sus vistas y a pasear,. Las cañas en la arena demuestra que ha habido una tormenta en la noche anterior, pero ya todo está en calma, las tormentas, no disminuyen la belleza, del cielo ni del mar, como no disminuyen sino que refuerzan la relación en la pareja.