Me miro al espejo, cómo ha pasado el tiempo. Estoy pensando en aquellos años de nuestra infancia, queriendo recordar tu nombre, mis pensamientos me llevan al comienzo de curso, en ese colegio humilde y pequeño, pero las maestras nos lo hacían bonito.

El sol entraba por las ventanas haciendo más llevadero los meses fríos del invierno.
Salíamos al recreo, jugábamos a la comba al sambori, nos cubría un cielo azul, otras veces  un viento que no nos dejaba disfrutar de las flores que adornaban nuestro recreo.
El otro día estuve en nuestro antiguo colegio, ya no existía, en su lugar había una gran cafetería, el paso de los años no habían resistido su estructura.
Ahora siento no haber guardado los cuadernos y así recordaría tú nombre. Mis queridos cuadernos, que importantes fuisteis para mí, las cosas que aprendí a través de vuestras páginas.