Este fue uno de esos días en que el día no está claro, había un poco de neblina y hacía  buena temperatura, que te invita a relajarte y ver el horizonte. Después pensé en plasmar en un lienzo lo que veía, que no lo que sentía. Y me salió este cuadro.

 

Cuando lo miro me invita a pararme y mirar con ojos de añoranza por los recuerdos y con ojos de desafío por el mañana. El cielo en el horizonte presagiaba viento al día siguiente, cosa que en este sitio es muy frecuente.

 

Los árboles, como en mis poesías, miran al cielo, solitarios, secos por el calor del verano, y uno mira también el cielo, mientras acaricias a tu perrita y parece que te has trasladado a la eternidad, y no deseas que nadie te saque de ese éxtasis de paz.