Cuando la bandera está en amarillo quiere decir precaución. Puede ser que el que pregunta se queda de escuadra, como se decía en la mili, pero si te dicen que el agua está peligrosa tomas precauciones. O sea, que es mejor preguntar y que te quedes de escuadra a que a tu chica la consuele el cabrito, baboso etcétera de tu amigo Juan Antonio. Por Dios, por Dios. Como dice mi nieto Pablo, el amor entre los papás es importante, pero el codo del brazo para poder ponerte la cuchara en la boca también.
Era verano, la carne es débil, el calor fuerte. Estábamos trabajando cerca de El Saler, nos quedábamos a comer algunos días en la obra (es decir en el bar), con lo que en casa no nos esperaban, Mi amigo era un buen amigo y compañero, no tenía muchos que se relacionasen con él por su gordura y tartamudez al hablar. A mí me parecía un gran tipo, con mucha talla y cultura, yo le admiraba.
No era la primera vez que al mediodía íbamos a nadar a la playa. Aquel día nos habíamos preparado hasta los bocatas para comer allí después de bañarnos. Mi amigo nadaba muy bien, yo regular, pero cubría el expediente. Llegamos a la playa, nos cambiamos, dejamos las cositas en la orilla junto a un grupo de personas de aquellas que te cuidaban la ropa y no te mangaban nada y nos fuimos a la orilla del agua. No fuimos los únicos, porque el calor lo teníamos metido en el cuerpo todos,
La orilla de la playa estaba muy llena de gente, por lo que antes de entrar nos hicimos un propósito, ir nadando hasta la boya de la bandera, esperarnos allí y volver. Mi amigo, que como digo nadaba muy bien, en un momento determinado se fue nadando en otra dirección. Yo, vista mi fortaleza y capacidad natatoria seguí en dirección a la bandera (siempre he sido muy patriota, quizá porque tenía menos experiencia y era joven).
A todo gas mar adentro
El problema vino cuando la bandera se desviaba de mi trayectoria y yo no sabía el porqué. Me paré en el agua para hacerme una composición de lugar, miré a la orilla, mi amigo había vuelto a la playa, estaba gesticulando mirándome señalando hacia donde yo estaba, notaba que sin nadar iba a todo gas mar adentro, y estaba claro que estaba en una corriente.
Traté de salir nadando mar adentro, pero girando hacía la izquierda (dirección propia de aquellos años), pero ya estaba demasiado cansado y me agoté rápido, así es que me acosté encima del agua (decir me puse a hacer el muerto me da todavía repelús) y esperé a que mi amigo y alguien más rápido hablando le explicasen a un barquero lo que me pasaba y saliesen al rescate.
No sé cómo funcionan pero en aquellos tiempos los barqueros hacían de Cruz Roja de ahora, solo que en vez de barcas neumáticas con motor fuera borda eran de madera con remos fuera borda y dentro de borda… al menos en aquella playa. Mi amigo tardó bastante por los nervios y su tartamudez. Yo ya me había rezado como quien dice un rosario, las olas me empezaban a tocar las narices, con aquello de pasarme por encima, intente volver a nadar boca arriba y aquellas brazadas fueron las que hicieron que me descubriesen y me pescasen.
Lo importante es vivir
Si alguna vez habéis visto corrientes en las playas de Pinedo, desde cierta distancia, que es como se ven bien, no desde el agua, veréis que que hacen tal cual si fuese un río, con sus meandros, vueltas y revueltas. Comprendí que mis actuaciones habían sido justo las contrarias de lo que debía de haber hecho (siempre he sido un iluminado). En días siguientes volví a nadar aunque sólo fuera por vencer el susto, pero ya antes me fijaba en el agua y en la bandera, honradamente también en la situación del barquero.
La verdad es que aprendí a nadar por chuleta con un amigo tan chuleta como yo, que me decía, como yo le decía a él, que sabía nadar, con lo que yo confiaba algo en él y él en mí. Y como yo, no tenía ni zorra idea. Fue así como alquilamos en la playa de Almerimar en aquellos tiempos, un patinete de esos que se llevaban con remos y del que él se cayó al ponerse de pie y yo después, al levantarse de punta el patín. Afortunadamente el día anterior habíamos visto «Escuela de sirenas», de Esther Williams, y lo tuvimos tan claro lo de nadar como lo de que cuanto más abajo en el mar, el agua mirando hacía arriba era más azul.
En varias ocasiones pienso que por lanzado me he visto en situaciones apuradas, he reaccionado con serenidad y pienso que esto me ha salvado. Por ejemplo, escalar con botas de felpa y caerse las piedras sobre las que me apoyaba. Después de ver unos pinos que había debajo de mí me dije: «Pedro, tranquilo o esta noche no cenas». Y bueno, allí estuve hasta que me enviaron por arriba una cuerda a la que pude asirme y seguir trepando sin peligro. Y es que, como dice mi nieto, el codo y la comida son importantes, porque es importante vivir y si no, a ver, ¿quién quiere palmarla?
