Echa la imaginación a volar y veras que torta te das.”Libertad a tutti plen” Playas de nudistas: Tocarle la mano a la novia te ponía a 100
Estábamos a principios de los años 80 y ya una vez pasada la censura de la dictadura, parecía que lo que se imponía era “libertad a tutti plen” y una de estas manifestaciones, eran las playas de nudistas. Estábamos montando un emisario submarino y cuando llegaba la hora de la comida, lo lógico en operarios que están todo el día en la playa, con un sol de justicia era que se fuesen a un bar, a ser posible con aire acondicionado (ventilador metálico), para comer fresquito. Sin embargo cuando se hacía esa hora de la comida y la siestecita en aquel verano supercaluroso la gente desaparecía y en el bar fresquito solo comía yo, (cuando comía en la obra).
Como siempre he sido un curioso, cuando caí en la cuenta y lo averigüé; se trataba de la proximidad de una playa de nudistas separada de la normal por un cañizo, de manera que diese un poco de intimidad frente a las miradas de los cuatro curiosos, que eso sí, con el bañador puesto para que tapase sus vergüenzas, miraban y se regodeaban de sus visiones.
Un buen día se, “que los amigos sentimentales” y algún que otro marido celoso de los que acudieron a este sitio aquel día, los persiguieron a nuestros montadores, casi un Kilómetro de playa. Hoy en día más normalizada la situación, ya son “más los que se despelotan, como la cosa más normal y lógica.
L
a realidad es que en muchos sentidos nos hemos despelotado, en demasiados órdenes y lo antiguo tenía sus intrigas y “por ques” que le daban su sabor y picaresca a la vida, el tocarle la mano a la novia te ponía a 100 hoy ya… También existía en aquella playa un punto de observatorio, para los que querían guardar las apariencia y alegar comentarios negativos contra esta práctica, y era una montañita, donde con una hamaca y unos prismáticos “Te ponías ciego” punto de vista de mi encargado en aquella obra. El presidente de aquella urbanización con playa nudista separado dos veces y rejuntado tres, con nombres y apellidos alemanes, pero con nacionalidad española, me ofreció el que me comprase un chalet, poco menos que abandonado por unos extranjeros escandalizados de “mentalidad anticuada” y que convirtiese a mi gran familia al naturismo. Y claro, claro, modernismo el que quieras a nivel filosófico en la práctica no me da la gana, “lo repartimos todo hasta llegar a las dos bicicletas, porque esto ya sí que teníamos en cualquier familia.
Hoy con un paracaídas de parapente y mil y pico euros te compras un motor con una hélice y te puedes recorrer las playas viendo lo que la Constitución te permite, aunque la cosa para los mayores en particular va perdiendo aliciente, ya que no sabes cuando ves algo, si es de verdad, o si es silicona. Y, es que somos tan modernos…

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