Chica de 12 años, es una de esas caras que te provocan a pintarlas, aunque nunca sabrás por qué. Ella ya apuntaba tener madera de artista y de hecho posaba como nadie. Simulaba escenas de desolación tras un incendio,y otras de mucha imaginación.

Era verano y llevaba, como se ve en el cuadro, un pelo muy rizado, con esa mirada limpia, propia de la sana juventud, que piensa sin doblez. Desde entonces la he pintado en varios cuadros, quiza el más complicado fue el de la ofrenda de flores de las falleras a la Virgen.

Si en estos momentos la pintase evidentemente por mi tendencia marcaría más sus rasgos faciales, pero en aquellos años yo la veía así.