He vivido en tantas casas, pero en la que me voy a centrar es la casa en la que viví cuando me case.
Era una casa demasiado grande para una pareja de recién casados, alquilada, no disponíamos de dinero para comprar un piso.
La pintamos y la arreglamos a nuestro gusto y a nuestras posibilidades. No tenía lujos. Nos compramos el comedor y el dormitorio, con unos muebles que nos regalaron montamos la salita de estar.
No teníamos nevera eléctrica, era de hielo, todos los días bajaba a la tienda y compraba la media barra de hielo.
La lavadora, de las primeras que salieron, tenía que escurrir y enjuagar la ropa.
Pero era nuestro hogar.
Antes del año de casados justo a los 11 meses nació nuestro primer hijo, fue tan deseado, era muy profundo el instinto que yo tenía de madre.
Justo al año nació la segunda, una niña preciosa, me junte con dos niños muy pequeños y con poca ayuda, así al año siguiente nació el tercero y al otro año la cuarta.
La casa se convirtió en un lugar de alegría por los niños, pero también de lucha y trabajo. Empezaba a hacerse realidad nuestro proyecto de familia numerosa.
Fueron años duros, los niños, la casa, pero fueron los cimientos para toda nuestra vida futura.
Ahí empezó todo, en esa casa al principio grande para nosotros, alquilada, pero en definitiva “Nuestro hogar”
                                                            Mª Teresa