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Esta imagen está tomada de unos campos de olivos, en otros tiempos plantados de cereales, donde con la llegada de las lluvias en la primavera nacen las amapolas, en otros tiempos también compañeras del trigo y la cebada.

En estas fechas en los que existen estos preciosos mares de amapolas los olivos también empiezan a florecer y a desarrollar raíces y ramas, podadas en meses anteriores. En estos campos todo es vida, todo son brotes, todos son promesas de futuro inmediato.

Con la primavera, pensaba yo llegan las lluvias, pero también las situaciones adversas, como las tormentas con mucha carga de electricidad o granizo, que es posible que rompan estas amapolas, pero en nuestros cerebros quedará la preciosa imagen de un mar de amapolas movidas por el viento, que volverán a brotar, porque llevan la vida dentro, donde no llega el “granizo”