LA SOLEDAD DEL MAYOR
Nunca me ha gustado la frase “me estoy haciendo vieja” o “soy vieja” ¡No! “me estoy haciendo mayor” o “soy mayor”.
Yo tengo la suerte de poder rechazar la palabra “vieja”.
Tengo una familia que me quiere, que me apoya en lo que hago, que perdona y comprende mis errores, que admite mis limitaciones.
Pero todos no tienen esta suerte. Cuando veo en las consultas de los médicos, abuelitos y abuelitas, solos, que hay veces que no saben ni expresarse, entiendo que ellos sí que digan “Es qué estoy ya muy viejo”.
La sociedad tiene un papel importante para paliar esta soledad, pero no queramos que lo solucionen todo.
¿Dónde está la familia?. Esos hijos, esos nietos, que pueden hacer más llevadera la vida a éstas personas.
Ellos lo han dado todo por los suyos. ¿No es justo que ahora sean los hijos los que velen por los padres? Hacerles la vida un poco más llevadera y que en su ánimo cambien la palabra “viejo” por “mayor”.

