La obra inundada. Nadie es perfecto el 80/20 puede ser el 20/80. La palabra contratista puede querer decir “contra ti está”. El león sordo, en versión obra. El ingeniero duro puede acabar inundado. La entrada triunfal en la Galia (versus curva nacional).

Corría el año 68 y entonces la empresa para la que yo trabajaba se presentaba directamente a obras para su ejecución, presentaba plicas y se adjudicaba o no las obras. El hecho es que esta obra se la adjudicó. Después resultó que si la previsión de la excavación para zanja era del 80% en tierra y el 20% en roca, fue al revés, 80% en roca y 20% en tierra. Y lógicamente el precio no era ni parecido. La forma de presentarse mi empresa a las obras era buscando un destajista que las efectuase por precios inferiores a los que nosotros habíamos conseguido, con lo que quedaba un diferencial en beneficio de la empresa.

alt="anécdotas de un currante"Normalmente estos contratistas eran personas humildes que iban cortos de fondos, para ser más exactos, se habían metido en la compra de una excavadora y tenían más letras a pagar en mensualidades que divisaban. Ellos ya sabían que en unas partidas se ganaba y en otras se perdía. El problema venía cuando el compañero que llevaba las obras apretaba más de la cuenta y en casi todo se perdía, porque entonces corrías el riesgo de que una vez ejecutadas las partidas que más interesaban al contratista, abandonara la obra.

En mi empresa todos éramos buenos y jamás se perdía nada, cuestión que no coincidía con la realidad, porque había imprevistos, coeficientes de ignorancia (este coeficiente ha salvado y salvará muchas situaciones embarazosas, es muy útil, de verdad…), etc. El ingeniero que citamos aquí responde a una exageracíón para caricaturizar la situación, aunque nuestra experiencia de obras es que en aquellos años 60-70 esto existía. Aunque fueran una excepción, pero existió.

Total, que a pesar del seguimiento que hacíamos «contra” el contratista (de aquí viene la expresión: “contratista quiere decir contra ti está”), no había forma de que este continuase con la obra. Al  ingeniero director de la obra le habíamos entrado por todos los caminos para obtener algún reformado que nos salvase la cara, pero el tío era más duro que el pedernal (yo pensé que nos la tenía jurada), así es que estábamos preparando el abandono de la obra por parte del contratista y la información a los jefes de que no habíamos estudiado bien la misma y argumentar el por qué nos iba a costar más.

Cuando ya estaba todo preparado y nos habíamos puesto “ajo porro” en la manos para que nos hiciesen menos daño los palmetazos, como antiguamente en la escuela, el señor director de la obra nos llamó para hacer una visita (permitidme que exagere el tema porque si no no tiene gracia, y si realmente la gran mayoría no era así, sí había alguno que sí lo era. Vaya, concretamente yo en las obras que he dirigido no lo he sido y este sí que lo era).

Las visitas tenían su ritual de recogida del ingeniero, desayuno en no sé qué sitio, comida a base de lo que a él le gustaba y donde alt="anécdotas de un currante"le gustaba, negociación de lo que humildemente te atrevías a pedir y que raramente el ingeniero director te concedía, dando al gesto (que a lo mejor hablábamos de una miseria en duros) tanta importancia como quien permuta la pena de muerte por la de cadena perpetua, y tras la visita, venia el besamanos y la devolución del ingeniero a su domicilio, que se parecía más a quien devuelve al niño burro y mal educado que no para de llorar a sus padres que a una despedida de amigos.

Normalmente con la boca decías palabras de conformidad y de sumisión porque estabas deseando soltarlo y con las manos en la espalda hacías un ritual de gestos que no voy a explicar por estar en la imaginación de todos y ser muy conocidos. Pues bien, en esta visita, después del almuerzo, cuando llegamos a la obra y pese a los permisos municipales, acuerdos y otras zarandajas “el león sordo del chiste” había soltado el agua por toda la obra, que estaba gran parte en zona de marjalería, la había inundado y todos los tubos vacíos por dentro o llenos de aire (según se mire) estaban flotando por encima de la zanja.

El señor ingeniero director de obra cogió un grandísimo disgusto, fijaos el sacrificio, que tuvo que almorzar el doble y beber más vino para que se le pasasen los nervios, después fuimos con él al ayuntamiento, todos con muy malas caras, mi compañero y yo en el almuerzo sólo bebimos agua para estar más despejados y porque nos faltaba un tanto así para arrancarnos por bulerías y enviar muy lejos al director de obra, de contentos que estábamos.

Naturalmente, y a pesar del sufrimiento que nos supuso, no tuvimos más remedio que negociar un reformado en el que contrariamente a lo que había pasado en semanas anteriores todo había subido mucho de precio y todos ganamos dinero y salvado la cara.

alt="anécdotas de un currante"Aquel día mi compañero que llevaba la obra, al llegar al pueblo, que estaba en una curva en cuyo centro había un bar donde las personas se sentaban a la puerta a tomar su cafetito o su copita, entró en la mencionada curva a toda la velocidad que daba el coche y derrapando, con lo que a los 20 ó 30 que había sentados, aparte de ponérselos por corbata, se levantaron con la cara muy lívida, quizás intuyendo que nuestra entrada apoteósica y triunfal le iba a costar algo al pueblo, como así fue.