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Estos dos cuadros pintados por Jan Vermeer sobre 1658, La lechera, y 1664,  La joven del aguamanil, los vi en una exposición breve que se hizo en el Museo del Prado. No conocía los cuadros de este pintor y me impresionó la quietud de sus modelos, centrados en la actividad que están realizando ajenos al entorno, impropio de aquella época, donde las personas humildes de trabajos humildes aparecían siempre representadas en los cuadros con actitudes de inquietud, bajo la atenta mirada de las señoras o señores de la casa.

De estos cuadros particularmente me llamaron la atención las luces y los objetos del entorno. En La lechera el pan, las vasijas, la leche, las ropas, la cesta, la lámpara y cosas por el estilo como los tapices, la ventana.. Leí en su biografía que tardó cuatro años en pintar La lechera. Yo no he tardado más que seis meses, pero dentro de su sencillez puedo asegurar que es muy difícil de copiar. Los hice del mismo tamaño que los originales 45.5 x 41 y 45,7 x 40,6 respectivamente. Cuando los terminé al cabo del año me sorprendí de que me hubiesen tenido atrapado tanto tiempo, con mi carácter.

Me parece que son los cuadros más difíciles que he copiado, ahora que busco expresar los sentimientos, las expresiones y la belleza de las miradas a estas fechas veo que me cuesta más conseguir esto. De cualquier forma hasta de una vasija de barro me enamoro y supone para mí un reto conseguir que trasmita cosas, más que una simple imagen.