En este tiempo trabajaba yo en un empresa de riegos. Instalamos material de riego de todos los tipos , goteros, venturas, filtros, programadores etc. Desde siempre me ha gustado más la práctica que la teórica, como de aquí a Lima, que se dice. El tema del riego por goteo en los años 70 a 80 era la nueva generación.

Yo estuve en un pueblo de cierto sitio, porque el presidente de aquella comunidad me había dicho, después de dar yo una charla de riego por goteo y automatización: “señor Gea, venga a ver nuestra instalación, que aquello es como entrar en la agencia espacial de la Nasa”. Uno, que es un curioso y además un fantasioso, se imaginó aquella instalación y quedé para visitarla dos días después.

Naturalmente y después sobre todo de ver lo orgullosillo que estaba este presidente de su instalación y el hecho real de que me la enseñaba delante algunos de la junta, que lógicamente, habían pagado una pasta por aquello, tuve que hacer cuando me hacían alguna explicación más de un» ¡aaaah!» hipócrita de admiración, porque de lo contrario, los otros operaban en vivo y en directo y no digo de qué, al señor presidente.

NASAEl castigo me vino casi de inmediato cuando, junto a la bobada de pantalla en la que con unos lechts situados en un plano dibujado sobre un cristal de la zona de riego, se encendían las lucecitas de las válvulas que se abrían por un programador de lo más malo ( la Nasa), había una bomba de inyección de abono por presión que yo, bocazas de mí, había dicho que era maravillosa, pero que no funcionaba. Ya, los listos de los acompañantes, me habían preguntado si yo entendía de este tipo de bombas, a lo que naturalmente yo, más chulo que nadie había dicho, con esa cara del que casi se siente ofendido por la pregunta, contesté que naturalmente.

Así que llegamos a la bomba en cuestión. El regador me dijo delante de todos, “ya que usted entiende de bombas, ¿me podría decir por qué no funciona?” Yo volví la cara para que no se me leyese lo de ¿y ahora qué hago?. Pero rápidamente dije: «vamos a probarla». La probamos y efectivamente se movía pero no inyectaba agua.

La desmontamos, la sacamos fuera, instalando la toma en un bidón y funcionaba de maravillas, volvimos a conectarla en el sitio de trabajo y otra vez no funcionaba. Me puse a pensar un poquito, ya no se me ocurría nada más que hacer y entonces, por aquello de las casualidades, estiré de la tubería de conexión y ya estaba. Resulta que esta que atravesaba una pared, justo en este punto había hecho una “coca” (doblez) que no permitía pasar el agua. Estiré de la goma y dije «ya funciona la bomba».  Y quedé como el más sabio del mundo.