Los inventos caseros: un alto porcentaje de posibilidades de ser una chapuza es hurgar en una mina taponada, puede suponer tal rejuvenecimiento que te puedes volver con San Pedro. Y es que, como dice mi nieto, el codo y la comida son importantes porque es importante vivir y si no, a ver ¿quién quiere palmarla?
Las personas a veces somos tontas y los listos se aprovechan.
Me encontraba yo una vez en un pueblo dando una charla sobre captaciones de aguas subterráneas, distintos tipos de sondeos, fundamentos de minas, zahoríes y un largo etcétera. Y hasta aquí todo fue bien, el problema vino cuando un agricultor espabilado se empeñó en que fuese a la zona donde tenía su finca,en la que tenía una mina de agua en galería, para hacer una estimación sobre los caudales que podía dar la dichosa mina.
El siguiente problema se presentó cuando, una vez allí y habiendo reunido a la junta, les comunicó que el técnico en aguas iba a visitar la mina para ver si el agua estaba derivando hacía otro sitio, entonces el muy canalla me cedió la palabra para que explicase cómo se producen estas afloraciones de agua, sus caudales, los posibles desvíos de las aguas nacidas en el nacimiento y no sé cuántas cosas más. Hasta comunicó que yo iba a entrar y estudiar la mina en cuestión.
Había detrás de todo aquel tema una importante red de riegos que se abastecería de ella y de otra que se podía hacer concurrir por cota. Mi problema siempre ha sido la fantasía, yo ya me imaginaba los camiones de tubos descargándose en la obra y claro, entonces fue cuando realmente vino el problema, porque no solamente entré en la zona de mina visitable, sino que llegué hasta un punto donde claramente se veía que se había caído tierra por la chimenea realizada en su día para la construcción de la misma y tuve la deslumbrante idea de admitir que otro la quitase cuando estábamos dentro.
La composición de lugar es fácil de hacer. La galería, que en los primeros 30 metros tenía una altura de 1,20 metros, en sus últimos
20 metros solo tenía una altura de 40 cm. Se tenía que entrar acostado y a los 6 metros se veía por la luz que entraba por la chimenea que había caído tierra y que el agua debía de estar embalsada detrás. La tierra caída era de esas filitas de color azul con que se cubren las casas de campo en Almería.
Yo iba equipado con un bañador y una linterna, el que iba detrás de mí llevaba una caña larga y otra linterna, así es que me puse a darle una disertación de lo que podía hacerse, que se resumía en quitar la tierra y limpiar la mina. Mi acompañante se quiso cerciorar de lo que estábamos diciendo y uniendo la palabra a la acción con la caña le empujó a la tierra y efectivamente, el agua empezó a aumentar su cantidad y nosotros a recular por si las moscas, lo que yo no podía era adelantarlo porque no cabíamos, con lo que la velocidad de retroceso era proporcional a la del mozo que iba detrás de mí.
En la medida en que el agua se iba llevando la tierra removida aumentaba más, la cabeza me chocaba contra el techo en ese punto de la mina, el que iba detrás no corría lo suficiente para salvar aquellos 6 metros y el agua por fin llegó a llenar toda la galería justo cuando a mí se me había acabado el aire y empezaba ya a sacar los pies. Me tapé la nariz con la mano y el agua me dio un par de coscorrones que yo luego atribuía a lo cazurro que había sido. El mozo que me acompañaba me estiró y me puso de pie y sin hacer ni el más mínimo comentario el tal Don Pedro se salió pronunciando un rosario de tacos.
He querido aplicarme la experiencia y a partir de ese momento he hecho siempre mío el dicho de «gato escaldado del agua fría huye». También me he acordado de “por la boca muere el pez” y nunca más me he metido en ninguna otra mina sin antes tener las cosas muy claras, pero a pesar de entrar sólo en las que se pone uno de pie, con mascarilla antigases, con pantalón de pescador de trucha hasta los hombros, casco, lamparilla, emisora y arnés para recuperarme desde fuera, en las minas de hoy en día no se puede entrar, porque con la carestía de la mano de obra están en muchos sitios derrumbadas, con vertidos contaminantes de cualquier clase y peste (nótese lo fino y considerado que soy con el lector). O sea o sea que te puedes encontrar lo imprevisible. Mejor no entrar.