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A una de mis hijas

Desde muy pequeños llevaba a mis hijos, por ejemplo, a montar a caballo, y se relacionaban con los animales más habituales en nuestra convivencia. Si a estas experiencias les añadías sus personales instintos resulta que su deseo de mayores estaba relacionado con tener animales.

Cuando en mis ratos libres en el mes tenía algún tiempo en que podía pintar las solicitudes estaban muy claras. Fue asi como mi hija, que tiene tres caballos, me vino un día con esta fantasía, pidiéndome que la pintase.

Recibí criticas en cuanto a las proporciones de la madre en particular, pero a mí me convencía más la satisfacción de mi hija que las proporciones de la pintura. Y así se quedó. Han pasado muchos años, pero todavía le sigue encantando el cuadro