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Cuando inicie este cuadro, no fue como todos, ves algo o alguien, te gusta, o te llama la atención y decides pintarlo, no, sino porque hace mucho tiempo pinte en un cuadro la silueta de mi amigo de infancia y juventud y desde entonces estaba deseando volverlo a pintar, pero en un cuadro grande.
Inicié su pintura , cuando solo estaba a nivel de boceto se lo envié a su hija para que me diera la conformidad y entonces ella me pidió que lo cambiara por este que he pintado del día de su boda, donde aparece con el “bellezón” de su mujer, que dice su hija.
A ella realmente la conocimos con más profundidad  varios años   después, en los que convivimos las dos familias, como consecuencia de mi trabajo. De la que solo se puede decir que es una gran y buena persona interior y exteriormente, que predica con sus obras, no con palabras.
Si siempre me resulta fácil pintar (otra cosa es que lo haga mejor o peor) en el caso de estos amigos me ha resultado, absolutamente sencillo, ya que son de esas personas que llevas en el corazón y puedes ver en tus pensamientos.
Me importaba en este cuadro, plasmar las miradas y sentimientos de complicidad que había en la pareja y que a lo largo de sus vidas confirmaron y fueron sentimientos de cariño y de acuerdo, a la hora de realizar sus sueños y proyectos.
He contado con la inestimable ayuda de su hija más conocedora de detalles que yo lógicamente. Una enamorada de sus padres él ya fallecido hace algunos años. Sirva este cuadro de homenaje al que fuera mi amigo y un obsequio a nuestra querida amiga y gran mujer.

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