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La rosas, mi flor favorita. Con ellas he hecho injertos de tres colores en una misma planta, pretendía hacer ramos y luego salían en distintos tiempos,
Como todo aficionado a pintor pobre que se precie comencé pintando las rosas que se ponían en las tapas de las cajas de bombones. Después ya conocí la Chrysler Imperial, que un día me encontré en un rosal. Comencé a trabajarlas ya directamente, aunque era tan lento que hasta se llegaban a caer los pétalos antes de que yo los acabara de pintar. Su perfume es profundo y embaucador, para nada molesto. Y su planta muy fuerte, que permite con hormonas de lentejas para el enraizamiento, y reproducirlo por esquejes.
Siempre que he plantado o injertado rosales y tengo unos 23. He procurado que la mayoría fueran de esta variedad, Chrysler Imperial, lo que siempre lamento es no cuidarlos como me gustaría y poder disfrutar de ellos.
De estos tres cuadros el primero, realizado por los años 70, fue como mandan los cánones, de la típica caja de bombones que le regalaban a personas de bien por dar a luz. El segundo, realizado ya directamente de un precioso rosal; y el tercero es copiado de una lámina que regalaron a mis suegros cuando se casaron en el año 42, repintada con barniz para que pareciese óleo.
Las grietas que aparecen en el segundo cuadro fueron producto de la mezcla de aguarrás y óleo, repintando lo pintado y seco.




