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Historia de este cuadro por Alba Torreño Gea, interpretada por su iaio.

 

Una vez, hace ya algún tiempo, un año, o quizá dos, mi iaio se quedó mirando esta foto y sonrió. Aún recuerdo las palabras que salieron de su boca cuando alzó los ojos para mirarme y decir “tú eres como este mar revuelto”. No supe con exactitud a qué se refería, pero le sonreí a su vez –que nada ni nadie nos arrebate nunca las ganas de sonreír a las personas que amamos-. No recuerdo nada más de aquella tarde, pero no he podido olvidar esas palabras, ni tampoco esta imagen. Ni siquiera su expresión de emoción contenida, como si me estuviera contando un secreto que pocos conocían, o como si pudiera vernos reflejados en esta fotografía.

Y es, a día de hoy, cuando creo que entiendo tus palabras, iaio. Y sólo puedo decir gracias, gracias por verme como este precioso mar tempestuoso, gracias por entender lo que yo antes ni siquiera podía imaginar, gracias por tu amor tan incondicional a pesar de la tormenta.

Entiendo lo que es ser un mar revuelto, lo he sentido. Entiendo lo que es vivir todo con el corazón en la mano, desnuda, vulnerable. Sé lo que es sentir la pasión y el dolor con igual intensidad, y cómo ambos se entrelazan para convertirse en enseñanzas que podemos asimilar u olvidar. Entiendo cómo es sentir volar, y después sentir caer. Entiendo lo que es gritar de emoción y gritar de rabia. Sé diferenciar entre esas lágrimas de alegría y felicidad de esas otras, no tan brillantes. Entiendo de emociones, sin etiquetas, sin juicios. Sé lo que es emocionarse con las cosas más pequeñas o absurdas, sé de esos momentos que se guardan en la memoria como imágenes y sentimientos eternos.

Entiendo de pérdidas, de echar de menos, de saber que no hay lugar en el olvido. Sé acerca de la soledad y de la necesidad de ella para alimentarnos poco a poco y reconectar con nosotros mismos. Entiendo cuando mi iaio me dice que soy como un mar revuelto, porque esa es mi locura y la de cada persona. Ese ir y venir de las olas es como el de las ilusiones, es como el del amor, es como la vida misma plasmada en agua salada. Y aunque a veces diga que me arrepiento de vivir con tanta pasión en mis venas, en el fondo sé que no sería capaz de vivir de otra manera.

A día de hoy estoy orgullosa de ser ese mar revuelto que no se sabe cómo, cuándo, ni dónde acabará. A día de hoy puedo decir que no tengamos miedo del mar, pues sería tener miedo de nosotros mismos, y ese es el camino más vital que debemos recorrer, el camino hacia nuestro interior, el camino hacia nuestra propia tormenta, el camino hacia nosotros mismos, nuestro camino.

Alba Torreño Gea

 

 

alt="el cultivo de la rosa"

 

Lo importante del cultivo de plantas es el amor y la afición del que lo hace