Las roturas y el entrar por dentro de las tuberías puede ser una locura alentada por el coeficiente de ignorancia.
 La primera vez que me invitaron a entrar por dentro de una tubería fue en un embalse de treinta metros de altura, en  él se había montado una tubería de gran diámetro en el fondo, como salida de agua, sin galería alguna y que en el momento de presentarme en la obra, estaba perdiendo agua por la parte exterior de la misma, estando cerrada una válvula anterior a la salida.
El tubo allí se había diseñado para soportar los efectos de la presión interior, por tanto si la altura de la lámina de agua era 25 metros, el tubo estaba preparado para soportar 2,5 atmósferas o 25 metros de columna de agua, sin tener en cuenta los efectos de la carga de tierras,
Evidentemente es un fallo gordo según situaciones, porque influyen y mucho y mas si hay presencia de agua por contaminación con la tierra peor, entonces los efectos mecánicos de reparto de cargas son proporcionales directamente al peso de las tierras, por falta de cohesión entre el terreno.
El problema venía del entronque donde se había construido una arqueta de hormigón para el encuentro de la tubería con la salida del embalse y que, ante un movimiento sísmico, producía un efecto similar al movimiento de una cabeza de martillo.
La pretensión del diseñador era que con una botella de oxigeno nos metiéramos, por dentro del embalse a la tubería, para ver si tenía alguna rotura.
Cuando vi que la humedad en la tierra llegaba hasta la coronación, y el técnico me explicó la tubería que había metido, salí de allí a toda velocidad porque se veía que el peligro era inminente, diciéndole un “no” exagerado.
Enseguida noté que había sido un exagerado, porque la rotura no fue inmediata sino que tardó media hora, eso sí se fueron los 125.000 metros cúbicos a hacer puñetas, si me llego a meter todavía estoy bebiendo agua.
La segunda ocasión en que me pidieron que entrase por dentro de una tubería, no había embalse, sólo era una red de riego, eso sí de gran diámetro.
Se había diseñado una instalación con los criterios de que, toda resistencia que tenía que tener la tubería, debía de ser la resistencia a presión interior (Norma M.O.P. que prevé que los tubos son capaces de soportar menos presión interior, para que el exceso de resistencia aguante las cargas de tierra),
Sin embargo el contratista había empleado la norma UNE que dice que esos mismos tubos aguantan mas presión interior que en la norma MOP, en base a que se calcula la presión ejercida por la altura de tierras (UNE 88211).
Cuando se aplica esta norma, es necesario tener en cuenta el efecto de la carga de tierras, porque de lo contrario supones que el tubo lo has montado sobre pilares, o por lo menos sin carga de tierras y sí encima la profundidad es grande,
Con lo anterior viene a ocurrir algo así como si metieses en una pila de 3 metros de folios la mano por donde hay poquitos aquí la pila de folios llegaba a 10 metros, la presión de las tierras o ya por donde hay dos metros (el peso no es el mismo).
Bien pues era fortísima y encima, no se había podido tener en cuenta por la sencilla razón de que tu montas una tubería por la ladera de un monte a poca profundidad y el propietario del campo a “posteriori” decide hacer un abancalamiento horizontal con 10 metros de tierra encima, además riega a manta y claro está cantado, aplasta la tubería sobre todo si es de gran diámetro.
Vi que me habían convocado a mí y a varios para darme un escarmiento ejemplar, por lo mal que se lo estaba pasando, de tal forma que en un momento determinado, agotados los argumentos que tenía, sólo se le ocurrió decir: hacer lo que el Sr. Gea os diga,
Para apostillar, pero después de cada avería quiero que se entre por dentro de la tubería y se vean los tubos anteriores y posteriores a la rotura, por si en ese tramo se descubre algún defecto de material o de montaje. Yo la primera vez me callé, luego no.
Cuando llegamos a una avería situada a 10 metros de profundidad, vimos el tubo aplastado como un barquillo de un cucurucho y ante la insistencia de la persona que me había llamado yo no pude más y le dije: “yo puedo compartir contigo cualquier planteamiento técnicamente razonable, pero entrar por esa tubería no lo voy a hacer ni se lo recomiendo a nadie”.
Observé la cara de los que me rodeaban y sentí el asentimiento de todos, porque el que más y el que menos se veía metido en el tubo y aplastado como una cucaracha. En el transcurso de los años, supe que nadie se había metido, naturalmente, el que lo recomendó tampoco.