En casa de un familiar me encontré un recipiente de cobre, de los que antiguamente se utilizaban para usos de la cocina. Era una especie de caldereta, que al hablar de ella me la regalaron. Fue a partir de ahí cuando empecé a darle vueltas a la posibilidad de pintar un bodegón.
Recuerdo que también encontré una lámina de un bodegón que me gustó. Un amigo me regaló recién cogidas unas naranjas con hojas, y con unas uvas hice varias composiciones, hasta que una me gustó mas y esa fue la que pinté.
Comparativamente siempre me han gustado más los paisajes y la figura humana, como se puede ver en mis cuadros, pero reconozco que aquellos cacharros de cobre me retaban a plasmarlos en el lienzo.
El cuadro a partir del momento en que pinté los cacharros de cobre, perdió un poco mi interés, fue así como no tuve la necesaria paciencia con las puntillas del mantel o el acabado de las uvas, pero ahí quedo para los hijos o los nietos
