Comienzo esta serie de reportajes sobre el ballet y debo empezar diciendo, que lo hago,  con la ilusión de comprenderlo, vivirlo y ser capaz de captar esos sentimientos y esos diálogos no verbales en los que quienes lo realizan consiguen no solamente trasmitirlos sino hacernos que los vivamos.

 

En mi relación amistosa y dialogando con la primera figura del Ballet Nacional, adivinas que por encima de cualquier circunstancia es una gran profesional con mucha fortaleza y espíritu de sacrificio, por conseguir realizar el sueño de su vida.
Giana Rossi (que asi se llama esta bailarina) dedica una parte importantísima de su tiempo en los ensayos a perfeccionar todos los días su baile, con aproximadamente 7 horas de ensayo, llevando una dieta estricta etc pero lo que más destaca en ella es su inteligencia, para hacer que su cuerpo trasmita lo que ella siente en su corazón.
Cuando las personas no versadas en este arte nos hacemos una composición de lugar a la que nos ha conducido la música de la orquesta y los perfectos pasos y posiciones corporales de los que actúan, empiezas a valorarlo y comprender su belleza y dimensión.
Ella nació en Fiesole Italia, comenzó sus estudios en la Escuela de Ballet Center de Florencia, no ponemos todo su Currículum vitae por su amplitud, aunque si recomendamos leerlo en internet (vale la pena), digno de una de las más brillantes bailarinas de Ballet del mundo.
Su salto cualitativo lo da en el año 2005 obteniendo una beca de la Fundación Pierino Ambrosoli, para continuar sus estudios  en el Conservatorio Nacional de Música y Danza de París, se gradúa en la Royal Ballet Upper School de Londres, a partir de ahí comienza su andadura por Burdeos etc.
En 2015 llega a España con su ingreso en la Compañía Nacional de Danza donde a través de numerosas obras y demostraciones de su valía llega a ser primera bailarina en la categoría de solista, donde sigue actuando, para gozo y alegría de todos los que pueden verla,
Ella, a quien lleva tristeza le regala sonrisas, saca desde lo más profundo del corazón de cada persona, con su trasmisión de sentimientos lo mejor que hay en cada uno de nosotros. Quien lleva penas ocultas le pone un sentimiento para compartir su tristeza.
A todos aquellos que por diversas circunstancias de aislamiento físico o mental, con su particular forma de darle vida a lo que hace, les ayuda a descubrir lo bueno de la suya, a tener esperanza, viendo lo que ella ha conseguido, en definitiva te hace sentir la vida y el amor, sabiendo identificarse con lo que hemos recibido.
La primera persona, que disfruta (porque esa es su vocación) con los retos y el ballet que realiza es ella y no le importa el esforzarse preparando cualquier actuación, como todo ser humano lo que más le importa es vivir separada de los que ella considera su familia.
Seguimos otro día….

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