Todos los años se repite el ciclo de la primavera de este entre otros árboles. Se hinchan las yemas, sale la flor que si no hiela cuaja, caen sus cinco pétalos y se empieza a formar la almendra. En este árbol, como en otros muchos infunden pena cuando cae la hoja y cuando cae la flor, pero son situaciones necesarias para el desarrollo de la nueva vida, como ocurre con los humanos.

Es un árbol que siempre ha tenido un atractivo especial, particularmente los que se desarrollan en los puntos recónditos de las montañas, es maravilloso ver en medio de unas rocas, en un sitio casi inaccesible,  un almendro florido, es como un ramo de flores colocado en unas rocas, por eso al ver estas flores en su proceso de formación y abiertas fue una invitación a pintarlas.

Este cuadro, como tantos otros que he pintado difícilmente los vuelva a ver, pero evocan recuerdos de otros tiempos en que me encaramaba a sus ramas para coger aquellos frutos que nadie había tocado y que saciaban mi hambre en tiempos de la posguerra o épocas de caza, Había pocos manjares comparados con el sabor de una almendra en el interior de un higo a ser posible maduro

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