Cuantas veces nos dijeron que ya era tu final, que no había nada que hacer.
Pero tú te aferrabas a la vida, a una vida que tampoco era lo feliz que te merecías. Pudiste conocer a tu bisnieto, tenernos, sobre todo a tus hijos muy pendientes de ti, compartiendo su cariño contigo, atentos a tus necesidades.
Pero llegó ese día que la muerte pudo más que tú fuerza y te llevo.
Te fuiste a disfrutar de una vida plena. Desde el Cielo, podrás ayudar a tus hijos, rezar por tus nietos. Y acuérdate un poquito de nosotros, gracias.
Te habrás sentido feliz, junto a tu marido, viendo como disfrutábamos todos unidos en esa casa que fue tantas veces centro de reuniones familiares.
El dolor por tu ausencia es grande, pero tenemos la satisfacción de saber que ahora sí que eres completamente feliz.

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