Siempre he oído decir que los perros son un reflejo de sus amos. Ahora digo que estos nobles animales son un reflejo del trato que reciben, que les crean temores y complejos muy difíciles de erradicar y con los que ya viven siempre.
Cuando esta perrita era un cachorrito pequeño fue regalada a un niño, que no estaba preparado para cuidar al animal, con lo cual el perrito no recibía muy buenos tratos, adquiriendo un carácter agresivo. La llevaron otra vez al veterinario con la indicación de que la sacrificasen o hiciesen con ella lo que quisieran.
Los perros también tienen ángel y el de esta perrita fue una hija mía que se la trajo a casa y allí vivió. No dejó de morder, la verdad es que tenía problema con estas personas que cuando ven un perrito quieren acariciarlo, se llevaban un mordisco. A pesar del aparente carácter agresivo era tremendamente cariñosa con las personas en quien ella podía confiar. Recuerdo a mi suegro mayor, viudo y enfermo y a ella pasar horas y horas subida en sus piernas transmitiéndole ternura y compañía.
Cuando yo llegaba a casa y me sentaba en el sillón ya la tenía a ella encima. Murió en el campo, de un síncope, persiguiendo gatos, a los que sin saber por qué, odiaba, y con los que por ser de su tamaño los veías abrazados repartiéndose bocados mutuamente.
