Cuando hicimos los 25 años de casados nos regalaron dos copas muy bonitas con su pie chapado en oro, con dos corazoncitos muy bonitos y representativos del acto celebrado. Son de esas cosas que guardas en la vitrina durante mucho tiempo y usas raramente.
Un buen día pintando una transparencia de una copa de cristal, para ver mejor los efectos saqué una y la puse sobre un soporte frente al caballete. Con esa finura que me caracteriza tropecé con el dedo meñique del pie izquierdo y…. adiós copa.
Intenté encontrar una igual pero ni flores, con lo que opté por pintar un cuadro con las dos copas como si estuviesen nuevas. Y de ahí nació esta mesa con sus copas, que al final del cuadro en otro meneo rompí la segunda.Aún me quedan las partes metálicas y el cuadro como recuerdo del evento.