Muchas anécdotas podría contar, con tantos hijos siempre ha habido momentos, unos más graciosos y otros menos divertidos, pero que han ido tejiendo nuestra historia y nuestra vida.

Continuábamos viviendo en Almería, sería por el año 1980. El colegio al que iban nuestras hijas, entonces había colegio de niñas y colegio de niños separados, ofrecía los sábados clases extras de varias cosas. A la mayor le gustaba la guitarra y empezó las clases de guitarra, la segunda la bandurria, y quedaban las otras dos, pues la pequeña era demasiado pequeña.

Estas clases eran el sábado por la mañana, del mismo colegio ofrecían clases de natación en una piscina próxima al centro. Pensamos que a las dos que no tenían ninguna clase el sábado y además no sabían nadar les iría bien aprender, y las apuntamos a natación. Recuerdo los lloros de la pequeña que no quería ir porque le tenía miedo al agua, pensábamos que tenía que vencer ese miedo y la convencíamos para ir, la verdad es que poco a poco la niña ya iba más contenta.

Nueve puntos

 

Uno de esos sábados al llegar a casa me dice la pequeña: “Mamá, a mi hermana le han dado nueve puntos”.  Mi contestación fue: “Qué bien, eso es que lo ha hecho muy bien”. Pobre, los nueve puntos los llevaba en la rodilla, se había caído un porrazo en la piscina y se había hecho una brecha en la rodilla. Se la llevaron al centro médico para que la curaran. No fueron capaces de llamarnos, la pequeña no paraba de llorar de ver a su hermana con la rodilla chorreando sangre. Tenía más sofoco la pequeña que la que se había caído el porrazo.

No tuvieron el detalle de acompañarlas a casa, las dejaron en el colegio y se vinieron a casa las dos solas andando. Por supuesto que fuimos a pedir explicaciones por el comportamiento de estos monitores.