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Cuando recibí esta imagen de una persona a la que ya he pintado la vi tan blanca que me dije a mí mismo, parece de porcelana. Y en ese mismo momento nació en mí el deseo de pintarla. Me pareció de una gran delicadeza.
Esta estudiante realmente es muy blanca, razón por la que destaca en ella un lunar junto a la boca, que intencionadamente yo no he puesto en la fotografía. Los que sí he puesto han sido los casi mil que lleva en el vestido y que son los que dan formas y armonía a su cuerpo.
También en la pintura mi mujer me aporta ideas y conocimientos, como persona más conocedora de las peculiaridades femeninas, y en particular de los vestidos, en donde uno confunde las costuras con pliegues (naturalmente hablo de fotografías).
