Durante años fui jefe de promoción, a nivel nacional, de un equipo de técnicos de una gran empresa. Mi trabajo consistía en promocionar los materiales de la empresa, dándolos a conocer a los distintos técnicos de las distintas administraciones de toda España. Acompañábamos un estudio y repercusiones hidráulicas y mecánicas que podían tener en las obras.
Cuando teníamos más interés del normal por situaciones de obras, por criterios particulares de propiedad marcados por el jefe (yo), se montaban charlas o se hacían viajes a esa provincia o comunidad. El objetivo era visitar tal o cual fábrica y obra donde se estaban empleando laboratorios para efectuar ensayos con los criterios de las normas pertinentes a ese producto.
Basándonos siempre en la cantidad de personas los viajes se podían montar en coches (solución menos empleada), en avión (solución restringida por razones obvias) y en autobús (mejor solución y más rentable).
Además de llevarte a más gente y salvo las paradas de rigor, por lo de la próstata en los hombres y el café y picoteo en las mujeres y hombres, todo el resto de horas te las podías pasar dando una charla puramente técnica. Algunos se acuerdan del exponente politrópico (?) o de materiales, normativas etc..
A grandes males, grandes remedios
Cualquier charla en un salón de cualquier organismo, escuela o edifico preparado al efecto tenía el inconveniente de que cuando a alguien, por la razón que fuese, le urgía, se ausentaba. Momento este que podía coincidir o no con el momento más interesante desde el punto de vista del orador (empresa).
Solución maquiavélica, el autobús con micro, televisión y vídeo incorporados. Ahí no se escapaba nadie y como les prometías hasta algún detallito a todos por parte de las fábricas, pues tenían la santa paciencia de aguantar todo lo que les querías decir. También tenían la ventaja de que frente a una duda el rollero no se podía escapar, por lo que tenías que llevar muy bien estudiado el tema y se quedaba bien.
El problema que te podía aparecer es que alguien disintiera de ti y en el momento de entrar en la fábrica, con el director de la misma o el director de la empresa, le plantease en la visita la duda, con lo que como te equivocases te podían llegar a salir los colores.