Era una mañana fría, en una calle de una ciudad cualquiera.
Acurrucado en un rincón estaba él, Alejandro, envuelto con mantas y como único colchón unos cartones.
Tenía la compañía de su perro, y de sus pensamientos, que le transportaban a su vida anterior.
Su recuerdo le trasladaba a aquel colegio, que con sus cuatro años no entendía por qué nunca iba nadie a visitarle.
Pero un buen día cambió su suerte, cuando una pareja joven se lo llevo a su casa y lo adopto.
A  partir de ese momento su infancia fue feliz, recibió mucho cariño de los que enseguida consideró como sus padres,
al igual que ellos lo querían como a un hijo.

 

Y así transcurrió su vida. Era inteligente y muy despierto. Pronto se hizo con el cariño de todos los que le rodeaban.
Pasaron los años, ya estaba en la Universidad, era muy buen estudiante.
Se pone triste, y piensa.
_¡ Cómo he desperdiciado mi vida, cuanto daño he hecho a la gente que me quería!_ Suspira.
Sigue con sus recuerdos.
Estaba en el 3º curso de una ingeniería. Había una compañera, para él la chica más guapa de la clase, le costo
conquistarla, pero al final lo consiguió.

 

Con la carrera terminada y un gran porvenir, formaron una familia.
Vuelve la tristeza a su rostro. Dos lagrimas resbalan por sus mejillas.
Piensa en sus hijos, Paula y Sergio.
_¿Cómo estarán? ¿Cómo serán sus vidas? ¡Hace tanto tiempo que no sé nada de ellos!_ La tristeza se le ve en el
rostro.

 

Eran felices, una posición económica desahogada.
Monto una pequeña empresa, todo marchaba muy bien.
Empezó a tontear con el juego, apuestas, unas veces ganaba, pero eran más las que perdía . No pasaba nada, tenía
dinero, la empresa lo respaldaba.
Se creía seguro, que todo lo podía, que lo controlaba.
Jugaba a una doble vida, en su casa todo era amabilidad y normalidad, mientras que su vida en la empresa se
tambaleaba cada vez más.
Empezaron a venirle los problemas. Las deudas de dinero por el juego, ya no era posible hacerles frente con la
empresa.
Con todo esto vino la crisis, la empresa no la resistió y todas sus deudas agravaron la situación.
Los trabajadores se fueron a la calle, la empresa quedo embargada, y lo peor fue su familia, la destruyo.
_¡Cómo he podido llegar a esto!
Desoí los consejos de los que me querían, no acepte su ayuda, me refugie en el alcohol.
Y ahora solo me queda la soledad. Con la única compañía de mi fiel perro, y el calor de estas mantas.
¡¡Ojala la vida me diera otra oportunidad!!_
Pero la oportunidad la tuvo cuando una mañana, fueron a visitarle unas personas para interesarse por él por sus
problemas, por su situación. No hizo falta preguntarle, estaba deseando contar su vida, tenía la necesidad de sacar
de dentro toda la amargura en que se había convertido su existencia.
Estas personas le dijeron que iban a ayudarle, a el gustaría saber algo de sus hijos, quizás su perdón.
Después de tantos años, no era fácil localizar a su familia, tampoco le prometieron nada, era complicado.
Había pasado demasiado tiempo desde que los abandono, y pensaba _Mis hijos querrán saber algo de mí?_
Todo esto le atormentaba, y al mismo tiempo le daba una gran esperanza.
Y un día volvió a recibir la visita de estas personas. El corazón se le acelero cuando vio que iban en su busca.
Alejandro, traemos noticias que te alegraran, hemos localizado a tus hijos y les hemos hablado de ti, te daremos sus
datos para que te pongas en contacto con ellos. Nosotros te ayudaremos en lo que te haga falta.
_Tienes unos hijos maravillosos, están dispuestos a verte. Aprovecha esta oportunidad que te ha dado la vida y no los
defraudes más.
_Estoy tan feliz, no se como podré agradecer todo lo que han hecho por mi.
_No tienes que agradecernos nada, para nosotros es una satisfacción muy grande el poder ser útil a los demás.
Y con estás sinceras palabras se despidieron de Alejandro.
En su cara se reflejaba una gran esperanza mezclada de un temor, no sabía cómo lo iban a recibir sus hijos. ¿Cómo
seria su vida a partir de ese momento? Pero lo tenía claro iba a poner todo su empeño y todo su amor, por la vida y
por sus hijos.