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Casi todas las cosas tienen un antes y un después. Este cuadro que veis en dos versiones sobre el mismo tema tiene un antes que ahora hace 67 años y un después, que es como lo estoy pintando o reparando ahora.

Este cuadro lo pinté para una persona a la que yo siempre he querido mucho, un poco mayor que yo, y de la que después por marcharme de Valencia a trabajar a otra provincia perdí el contacto, que después volvimos a recuperar y ahora mantengo su viudo y mi amigo.

A esta persona le hacían mucha ilusión las marinas y le llegué a pintar dos de ellas, esta y una barca de vela por el mar que a mí me hizo ilusión y la volví a pintar para mí, destruida por la carcoma. Este cuadro está ahora sin acabar, pero lo que pretendo mostrar sobre los colores se puede apreciar perfectamente.

Este cuadro siempre ha representado el paso de los años, la pérdida de vitalidad y de color y de algunas de nuestras aptitudes, que con un poco de picardía vamos supliendo con otros medios, como la vista con una lupa, etc

He pretendido al remarcar las tonalidades de los colores decirme a mí mismo que todavía somos útiles y podemos aportar cosas a la vida, que no nos rendimos y que podemos ser felices soñando o construyendo con paisajes, personas y cosas que existen o podemos crear a nuestro entorno, como si lo fuera realidad.

Algunas veces cuando pinto un cuadro y acierto plenamente el color que tiene en la naturaleza, tengo la sensación de que Dios actúa a través de mis pinceles y me siento muy unido a él y a la amiga para quien pinté este oleo, en este caso

 

 

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