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Es una escena campestre que a mí me recordaba mi infancia, con 5 años, con mi abuelo en el pueblo de Cantoria, en Almería. Estábamos en el campo segando alfalfa para las caballerías y los conejos y cuando en primavera o en otoño sonaban las campanas anunciando el Ángelus, mi abuelo paraba, me llamaba y lo rezábamos juntos.
Y era una escena muy similar a esta, la cabeza inclinada, a mí me decía que pusiera las manos juntas. Mi abuelo decía pocas palabras, pero lo que él decía se hacía y punto, lo que más recuerdo de ál aparte de su muerte, que no viví directamente, era que me quería y que era su nieto predilecto.
En este cuadro la escena es también de mucho recogimiento. Hay detalles como las patatas que podían ser motivo de acción de gracias, tal como hacíamos nosotros después en la iglesia y con el rosario, dedicando las intenciones que él decía y alguna vez yo.
Lo pinté de las mismas dimensiones que el original y está colgado, como muchos de mis cuadros, en las casas de mis hijos. Recuerdo que tenía sus dificultades, aparte de las caras el ambiente que había que crear, como por ejemplo el humo de la hoguera de productos verdes que no hacen llama. Es un entorno de neblina lejano a nuestro luminoso levante
La pareja, tratando de imitar a Jean-François Millet (1814-1875), que fue un pintor realista, la pinté con colores más fuertes, de manera que destacasen sobre el entorno mas difuminado, quizá con sentimientos de recogimiento por mi propia interpretación y recuerdo.
