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Siempre he deseado pintar el amor de todos mis nietos por nosotros y nuestro por ellos.
Es esa parte de nuestra vida en la que no tenemos la obligación de educar, sino que podemos disfrutar de malcriar, de consentir y que los niños nos quieran, como nos ocurrió a nosotros con nuestros abuelos, de los que recordamos con amor las situaciones vividas.
Como ya he contado algunas veces (porque de eso estoy muy orgulloso) tengo muchos nietos, de los que me quedan infinidad de fotografías, que apenas veo, porque o están en un disquete o en un álbum que raras veces veo. El cuadro estará colgado y nos recordará al niño y los demás.
El cuadrito se las traía, ya que tiene todos los ingredientes para que el niño no esté quieto, nerviosito, collar llamativo, etc. Al final de muchas fotos sacamos la que más representaba la escena, la iaia, guapa (como es) y el niño guapo como su iaia.
El collar, con tanta pieza y tonos que destacaban poco. Lo he realizado con mucha paciencia, tratando conseguir contrastes, pintarlo en esa difícil posición inclinada, pero he conseguido lo que a ella le gustaba, que a fuerza de ser sincero es lo que me importaba,

