Era el mes de julio, llevábamos casi un año viviendo en Málaga, acostumbrándonos a la nueva vida, (los niños más que nosotros). Teníamos novedades, yo estaba embarazada de nuestra séptima hija, nos habíamos comprado un coche nuevo un R-12 ranchera, nos acoplaron unos asientos en la parte del maletero y era la forma de poder viajar todos.
Entonces no existían las sillitas individuales para niños, con lo cual teníamos bastante espacio. Como he dicho era el mes de julio, y teníamos previsto salir aquella tarde de vacaciones. Yo ya tenía todo preparado, maletas, bocadillos para el viaje etc.. Los niños super nerviosos sin dejar de preguntar ¿cuándo nos vamos?
Mi marido trabajando hasta última hora, se le complicó el trabajo y cuando llegó a casa ya no era hora de salir. Para calmar a los niños se nos ocurrió ir a dar un paseo con el coche, a ellos les encantó y más con el coche nuevo. Nos fuimos por una carretera cerca de casa, era una urbanización, con lo cual había que ir despacio y por fortuna no tenia mucho tráfico.
Cuando ya estábamos bajando por las cuestas aquellas que además así se llamaban, “La cuesta de la Reina”, noto una bocanada
de aire por la espalda, y nuestro hijo el mayor diciendo que Amparo se había caído del coche. Paramos en seco y efectivamente, la puerta del coche abierta, y la niña en el suelo.El susto no lo puedo describir, se te vienen a la mente mil cosas, el que pudiera venir un coche detrás de nosotros y… Por fortuna no fue así.
La cogimos y nos la llevamos al hospital, le hicieron toda clase de pruebas y no tenía nada grave. Un golpe en el pie y rasguños en el brazo. Cuando le preguntamos qué es lo que había hecho nos dijo “que quería poner el seguro”, pero lo que hizo fue abrir la puerta.
Las cosas han cambiado para bien, lo de las sillitas y los cinturones da tranquilidad, para los niños es una medida de seguridad, y una norma que hay que cumplir para evitar que a las madres se les salga el corazón por la “garganta”
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