El Remei de les Trencaes
Era el pronóstico el nombre, como lo es, en el chiste, el nombre de “Cornelio Caproni” que el cura le contesta “predestinato, cuando el confiesa al cura que la mujer le ha puesto los cuernos. Lo debía de haber pensado antes de tapar la zanja.
Se trataba de una tubería que iba hacia el monte… Era de 300 mm. de diámetro y transportaba 100 litros por segundo. Porque iba por un camino, la Sociedad se empeño en que, a la vez que íbamos montando, se fuera tapando y que las pruebas se realizasen al final y sólo se probase a golpe de ariete y a presión de funcionamiento. Y ya se sabe, la competencia que lo aceptaba, la carne de uno que es débil, la obra que venía detrás, pues la verdad, era gorda. Total que transigimos con la medida.
El día que hicimos la prueba, yo confiaba plenamente en la instalación y estaba seguro de que funcionaria bien.
Había algo en aquella instalación que a mi me daba confianza (aparte de las personas) y era un calderón fabricado por el pocero, que contaba los volúmenes de agua y aire y que, según mis cálculos, absorbería perfectamente el golpe de ariete en la parada.
El hecho fue que pusimos la instalación en marcha, primero despacio, después a todo caudal y nos fuimos a ver el agua por la otra punta, esperamos media hora, una hora y ya dijimos: la bomba se ha parado- porque en el camino no se observaba nada. Volvimos al pozo y la bomba estaba en marcha. Volvimos al final y el agua no salía. Volvimos al pozo recorriendo concienzudamente la traza y el agua ni salía, ni se veía, ni la bomba estaba parada: misterio insondable de la naturaleza, el agua se evaporaba.
Desmontamos un tubo para ver si el agua corría, y corría, más para adelante, otro tubo y el agua llegaba. Con el fin de no desmontar toda la tubería, optamos por pedirles a los de Aguas Potables prestado un sonar, aparato que detecta los ruidos: y, a las doce de la noche, cuando hay menos ruidos de camiones, nos fuimos a detectar la fuga. Dimos un viaje para arriba, y nada, otro viaje para abajo, y nada y en el tercer viaje, detectamos un ruido en la tubería y dijimos ¡aleluya, ya la hemos detectado! Y en la medida en que iba aumentando el ruido, nos acercábamos más al pozo, hasta que llegamos al pozo y ¡OH decepción!, al pocero y a esas horas de la noche se le había ocurrido lavarse los pies, (no murió porque todos éramos conscientes de que tenia muchos hijos y…)
Se hizo de día empezaron los ruidos, apareció el cansancio y estuvimos todos de acuerdo en repetir la experiencia por la noche, entre otras buenas razones técnicas porque estábamos todos hasta el pico de la boina. Por la noche fueron los ruidos los que no nos dejaron encontrar la avería, este no era cierto pero nos consolaba nuestra incapacidad e impotencia para encontrar el jodido agujero que perdía 100 litros por segundo, al tercer día un caballo de aquellos percherones que pesan lo suyo, tuvo a bien indicarnos la rotura al hundirse en la zanja y salir con las patas llenas de barro. Todos dijimos que, con toda seguridad, ese día habríamos encontrado la averié, en primer lugar porque ya no hacía falta demostrarlo y en segundo lugar, porque con esta experiencia salvábamos todos nuestro orgullo y nuestra dignidad, maltratados por la… del aparato.
Al poco tiempo, vimos que la rotura en el tubo era por la parte inferior y en zona de arena que amortiguaba el ruido, por otra parte, se filtraba a una falla en el suelo que venia a salir a una acequia de otro pueblo colindante, lo descubrimos tintando el agua con azulete, (un buen material que en vez de ser traza era destraza). Y todos pensamos, pero ninguno lo dijo, que en aquellas condiciones ni en mil años por el procedimiento del sonar habríamos descubierto la avería. en aquella tubería de 4 Km.
Después, la verdad que muchas veces electrocuta la imaginación, nos demostró que el pozo tenía 55,13 litros /segundo, que el pocero al parecer no tenía hijos, que el sonar era “flojito”, el calderín… y tres o cuatro ies más que no considero fundamental comentar, fundamentalmente, y valga la redundancia, porque van en contra mía y como dicen en Sevilla, nadie se tira arena a lo ojos, ¿o tú sí…? Y yo no volví a contratar ninguna obra más sin hacer las pruebas en su momento o sea antes de tapar.