Un Marco Polo de pacotilla. Cómo aprender, entender, vivir y sentir ciertas frases que pronunciamos con frivolidad, como “me suena a chino”, “cara de pavo” o “se necesita tener una paciencia de chino”
Yo hice un viaje a China maravilloso, encontramos gente buena, simpática, amable, con una educación distinta a la europea, que te hacen sentir a gusto y donde aprendes a entender el lenguaje no verbal o de los signos. Naturalmente, los signos son los mismos en inglés, en chino o en español. Inclusive los que estás pensando…
Una vez hice un estudio de mercado por Marruecos que conté en estas anécdotas con el título de “Las mil y una noches”,donde acababa con el pantalón cosido con un alambre por sálvese la parte. Ya en aquel planteamiento decía yo que jamás me volvería a ir a ningún país en el que por lo menos no entendiese lo que me decían. La realidad es que siempre he sido un bocazas y digo lo que no hago, porque con el tiempo me fui a China con Pedro, mi hijo el mayor, y entendí que nunca se debe uno quejar, porque siempre las cosas pueden ser peor.
Yo recuerdo que cuando hablaban en Marruecos en árabe no los entendía, pero pensaba: “a 14 kms por el estrecho está España”, pero es que en China, yo pensaba en el viaje por Alemania, Rusia, Siberia, Mongolia, el desierto de Gobi… (13,5 horas de avión) y se me hacía de noche, sobre todo, hasta que tu hijo no te explica lo que decían las personas a las que visitamos, que por su forma de hablar, da la impresión de que están enfadados.
Luego tu problema, que no entiendes el idioma, cuando hablaban me sonaba a chino, como buen español y por si acaso y también porque cuando habla, aunque te estén diciendo maravillas de maravillas parece otra cosa. Yo siempre decía para mis adentros: “por si acaso tu el doble”, y aquello me daba consuelo. Cambié algunos datos de mi esquema mental. Y yo, que siempre he estado encantado de aprender, la verdad es que llegar a comprender la expresión de “me suena a chino” no me hizo muy feliz en lo más mínimo.
Recuerdo que me encantaba ver películas habladas en chino, pero subtituladas en inglés, por aquello de entender algo. Y es que os podéis imaginar la situación. Llamada desde España:
- ¿Dónde estás?
- No lo sé
- ¿Vais en coche?
- Sí
- ¿Por dónde?
- No lo sé
- ¿Dónde habéis comido?
- No lo sé.
Por determinados prejuicios en el primer día puedes comer de la mesa redonda giratoria, con los distintos platos que te van pasando por donde tú estás, y con dos palillos, vas comiendo lo que te
apetece. Bien, pues como digo, el primer día puedes con los dos jodidos palillos, coges sólo cacaos fritos, los que te llegan a la boca… porque os podéis imaginar los cacaos resbaladizos con el dichoso aceite, tú con dos palillos, que no sabes si coger uno con cada mano, o con la misma mano, sin dedo en medio o con dedo, pero al tercer día te da igual lo que pongan, te lo comes y ya está…
Y es que la verdad, cuando uno mira un rótulo, este le dice lo mismo a uno que uno al rótulo. En el mejor de los casos, que en otros ni eso… Con el lenguaje universal en cambio, juntas los dedos estilo italiano y se los muestras al camarero en un movimiento de dirección a la boca, el tío entiende que tienes hambre, que quieres comer, a la vez que pronuncias en castellano “comer”, «comer»… al más puro estilo también, pero de Tarzán .
En Londres tienes posibilidades de que el camarero con todos estos gestos y algunas palabras mal pronunciadas de tu inglés macarrónico te conteste en un español con variantes a gallego, catalán andaluz, murciano etc. «¿Lo quiere muy hecho, poco hecho o vuelta y vuelta?” Pero en China, desde que dices lo que quieres hasta que te lo traen, lo tienes muy crudo.
Más. El viaje se trataba de una cosa sencillita, era cuestión de siete visitas. El problema es que pueden estar separadas por más de mil kilómetros unas de otras y eso supone aviones, y en un caso tren y carretera.
Aunque a mí casi todo me sonaba igual de chino parece ser que hay 40 dialectos, de manera que lo que te aprendes en Shangai no te sirve para nada hablarlo en el centro o en el norte. En Pekín (Beijing) está establecido el chino mandarín (que para los más ignorantes que yo os diré que no es un flan), que es un idioma sin alfabeto. El alfabeto, aquello de a, b, c, o la m con la a, ma, no existe; no está. Allí hay que aprenderse directamente “mi mamá me mima», y se representa con signos… O sea… O sea… “a chino”, que te suena a chino.
En los aeropuertos, vayas donde vayas, pasas siempre los correspondientes controles policiales. Imaginaros cuando el traductor se tiene que ir por otro control y a ti el policía de turno te pregunta en chino algo, que en el mejor de los casos hace que tus compañeros porque no se lo preguntan, se separan de ti. Yo sí me lo imagino, porque en tres ocasiones me perdí y se te queda una cara de pavo cuando miras a tu alrededor y ves todas las caras iguales, aunque no lo sean y dices: y ahora, ¿qué hago? Y ya el colmo de los colmos es cuando corriendo de un lado para otro encuentras a tus compañeros y les dices :“oye, pero ¿no os habéis fijado que yo no estaba, que me había perdido?” Y te dicen con su cara más angelical,“pues no, no nos habíamos dado cuenta”.
Muchas cosas me llamaron la atención, pero quizá la que más fue ver que cuando llegas tarde a la
estación para coger el tren, y están cerradas las ventanillas para despachar billetes, se colocan en el andén unos ferroviarios al lado de las puertas de entrada al tren, vendiendo billetes sólo para subir al tren y estar de pie sin sentarse. Con lo que a ambos lados del pasillo van unas filas inmensas de pasajeros de pie y cogidos al respaldo de los asientos, y una vez en el tren y conseguidos billetes para sentarse por el guía, tuvimos que atravesar el tren en marcha por ese pasillo impenetrable de personas entre las que no se veía ni el mas mínimo hueco para poder pasar y a las que, físicamente, tenías que empujar, aplastar y pisar los zapatos para pasar, entre los cuatro vagones del tren que atravesamos…
Pedí muchas veces perdón por pisar pies, pero jamás nadie me hizo mala cara o protestó por el atropello y comprendí otro dicho, el de “se necesita tener una paciencia de chino”. En España no necesitas pisar a mil chinos recibiendo una sonrisa de comprensión. En España con un jodido español que pises no recibes una sonrisa de comprensión, recibes una… que ya puedes llegar tú antes que el tren al sitio donde vayas. Vale, vale me he pasado.. Pero a los rótulos de recomendación de paciencia al tráfico de Torrente me remito… Pedro.