Siempre me ha encantado encontrar en el transcurso de mi vida esos momentos en los que ocurren cosas importantes para las personas y las cosas. A esta bañista la pesqué en ese momento en que pasa de niña a jovencita.

Cuando la pinté mi mayor inquietud era no conseguir esa mirada, todavía cándida, pero en la que se puede adivinar que va a ser una mujercita inteligente y decidida a afrontar la vida y sus obligaciones, como demostró en los estudios.

Se estaba bañando en un punto de la costa de Almería, con la playa de grava, que estaba un poco revuelta. Pero desafiante y precavida se bañó, naturalmente la madre no estaba lejos y la escena con ese mar movido invitaba a su contemplación.

Cuando la miras los ojos se te quedan fijos en su mirada, una mirada de interrogantes, que a la vez se hacen preguntas y se dan respuestas. Sinceramente me resultó encantador el cuadro, que pinté sin ningún esfuerzo, porque su imagen la llevaba grabada en el cerebro.

Esta chica es de las que a la vuelta de los años te volvería volver a encontrar y probablemente volver también a pintar. Su forma de ser te deja intrigado y deseoso de saber cómo acabo evolucionando aquella personita que aparentaba estilo y talla.