Vivir en Valencia y no conocer o haberse dado un paseo por el lago de la Albufera en barca casi es impropio de los que aquí vivimos. En varias ocasiones he realizado estas cosas y disfrutado de sus aguas y paisajes. En las zonas centrales llegan a los tres metros de profundidad de agua dulce.
Impresionan tanto las salidas de sol entre cañas como las puestas de sol viendo los canales entre cañaverales. Existe una fauna propia que de vez en cuando ves y que te hacen pensar en la vida de las personas que viven del lago
Sea por esos momentos de silencio y de paz, o esas conversaciones más profundas que surgen con mayor espontaneidad en estos parajes, el hecho es que tiene una atracción natural, que te invita una y otra vez a volver y gozar del entorno.
Sin pretender entrar en excesivos detalles, fue como pinté este cuadro con toda esa carga de sentimientos dentro de mí, una vez veces más oscuros y otras más claros, como las luces de la Albufera de Valencia
