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Este bodegón nació en un día en el se había estado vendimiando. Los racimos de uva eran muy bonitos y los había de dos clases, una negra y otra verde-blanca. Cuando llegó la hora de la comida, en una casa antigua, pusimos unos la uva sobre una mesa, otros uvas cortezas, que parecían de eucaliptos, y hasta una manzana.
La idea era hacer una foto, pero después viendo el conjunto, con mantelito muy antiguo, se pensó en hacer un cuadro. Con la fotografía en la mano (parecía una postal), y el deseo de mi hija de que le gustaría tener ese cuadro, lo pinté, tratando de dar satisfacción a mi cliente que me paga con su cariño.
Otros cuadros que he pintado para ella han sido más laboriosos e importantes por los motivos. Pero sé que este siempre que lo mira, y lo tiene que ver todos los días, se acuerda de mí. Y a mí me gusta
