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Desde siempre me ha impactado, la devoción que los valencianos le tienen a la Virgen de los Desamparados y que se manifiesta particularmente en actos como la ofrenda. Las palabras suelen impactar en cualquier persona, pero los testimonios de vida infinitamente más.
Durante muchos años he acudido a la ofrenda de flores a la Virgen. He visto cómo en la medida en que las personas van entrando les saltan las lágrimas. Si les preguntas muchas tienen, mirando a la cara de la Virgen, recuerdos de situaciones difíciles, en los que han recurrido a ella.
También me impresionaba ver generalmente ver a las madres con niños, que se quedan mirando a sus madres, porque no acaban de entender esa emoción, pero que ya durante toda sus vidas la van a llevar marcada en sus mentes.
Esta Virgen hecha de flores mide sobre 15 metros de altura y claro, recoger en un cuadro toda la imagen que pretendía trasladar al cuadro era muy difícil por las proporciones. Así es que subí a la madre, con la niña, le recorté a la Virgen hasta los Santos Inocentes y puse los ojos de Jesús mirando a la madre y a la fallera y a la niña mirando a su madre.
Y… esta es mi Virgen de los Desamparados. En un diálogo de miradas, no verbal, pero que a mí me reflejaban los sentimientos de las cuatro imágenes.
