Aunque engañó en todo: «En el sueldo me engañarás, en el trabajo no». Cada vez quedan menos tontos.

 

El otro día me comentaba un agricultor que la gente ahora es más honrada, que antiguamente, ya en 1950, se decía: «Casa con dos puertas difícil de guardar». Nos podemos remitir a escritos anteriores, pero hasta en la Biblia encontramos situaciones parecidas.

 

alt="Me engañarás en el sueldo, yo a ti en las comisiones"

«De hecho ¿por qué crees tú que los castillos y las casas antiguas tienen esas rejas tan fuertes?» Y añadía él solito, sin mi intervención (lo que ya es difícil): «Sin ir más lejos, hace 54 años en que todos íbamos con rosi (o caballo percherón), ya teníamos la cuadra en el fondo de la casa y el carro lo dejábamos en el recibidor. Y podías tener un carro y un rosi por 40 ó 50 reales.Sin embargo ahora, el que más o el que menos tiene un coche de 2,3 ó 4 millones y lo deja en la calle».

 

Un negocio que salvaría el mundo

 

Corría el año 1963 y ya estaba yo endeudado con los bancos. Había terminado la carrera de Perito Industrial y solicitado un préstamo de 50.000 pesetas que daba el Banco Bilbao para licenciados, con el que poder iniciar un negocio (eh, eh, ¡que entones 50.000 ptas. eran un dinero!). Yo lo había sacado y me había metido, en compañía de otros filósofos, a montar un negocio que salvaría el mundo: fabricaríamos y venderíamos mueble moderno y de estilo Chippendale.

 

Por aquel entonces nos presentaron un vendedor que nos iba a salvar la producción. El que de nosotros hacía de gerente le apretó en el tema del sueldo, de manera que tenía que hacer muchas visitas para conseguir una buena remuneración. La realidad es que vendió la tira. El problema vino con el tiempo, cuando detrás de una devolución de letras venía otra, detrás de un cliente que ponía a nuestra disposición el material venía otro; y detrás de las deudas, venían más deudas.

 

Yo salí algunas veces de viaje con este vendedor a arreglar temas. Me imaginaba que su gestión con el cliente sería muy estudiada y difícil, para que el cliente admitiese que había pedido el material, etc.etc., pero sus arreglos eran tan cretinos como naturales. Tanto como “si no lo quieres se te retira y ya está”. El “ya está” comprendía los muebles mal tratados y a los que necesariamente había que reparar y retocar, gastos de transporte, montaje, desmontaje, kilómetros, dietas y sueldo. El muchacho en cuestión, 14 años mayor que yo, se las sabía todas y liaba a quien se descuidara lo mas mínimo. Claro, para eso le había de interesar el asunto, pero en el caso nuestro no era su problema, porque él ya había cobrado.

 

«Me engañarás en el sueldo, en el trabajo no»

 

Llegó un momento en que a mí no me interesó seguir en la empresa y me salí para trabajar en otro sitio. El negocio con este vendedor fue de mal en peor, hasta que un día le cogieron en muchos renuncios y lo echaron. Entonces se descubrió el pastel: resulta que el mozo, que cobraba poco sueldo en relación a lo que él quería, pero más que los demás, se inventaba los pedidos. En aquellos tiempos la gente no controlaba mucho, sobre todo los que tenían grandes cochazos y habían subido como la espuma en base a no pagar.

alt="Me engañarás en el sueldo, yo a ti en las comisiones"

Él,cuando regresaba, liquidaba con relación a los pedidos conseguidos, no con lo bien vendido. Después, con el tiempo, lo pescó la policía en el asalto a un banco y murió por enfermedad en la cárcel. Todo un poema.

 

Pero volviendo al despido, me llamó la atención su comentario a nuestro gerente –tú me engañaste con el sueldo, yo a ti con las comisiones-. Después añadió el otro comentario del título, este ya sin fundamento para la ocasión, pero válido para algunos que ven el negocio en apretar al trabajador en la nómina .

 

«Me engañarás en el sueldo, en el trabajo no». Y es que con independencia de la moralidad, la honradez y la conciencia (las primeras inversamente proporcionales a las tragaderas), resulta que los profesionales sabemos lo que cuesta hacer bien la cosas. Y si nos tratan de engañar los engañados acaban siendo los jefes.