Esta perrita ha sido la más lista, con diferencia, de todos los perros que he tenido. Sólo con la mirada nos entendíamos. Cuando le hablabas y ella prestaba atención cruzaba las orejas al estilo de la foto, si a ti te daba risa repetía el cruce y meneaba la cola. Como todos los perros abandonados y que se han sentido solos tienen verdadera necesidad de que les quieras, con lo que cada vez que tenía oportunidad se ponía encima de tus piernas para que la acariciases, era una mimosa.
Yo trabajaba mucho preparando charlas sentado frente al ordenador, y ella se sentaba en uno de los sillones del despacho, absolutamente pendiente de mis movimientos, hasta que necesitaba algo. Entonces bajaba y empezaba a incordiar con el hocico hasta que deducías lo que quería y se lo dabas.
Para ella todo era juego, así es que si podías ella te provocaba para que jugases, tirándole la pelota, un palo o corriendo por el pasillo, saltando en los finales de carrera, por encima de los muebles. No era fácil estar serio y no reírse de ella, y si lo hacías repetía la gracia por verte reír y contento.
Con mi nieto Carles mantuve un diálogo sobre ella, porque él no entendía que sus muestras de amor hacia todos los niños se perdiesen para siempre, a ella le encantaban los niños todos y a modo de besos, les soltaba lametazos de la cabeza a los pies.
A mí también cuando la reñía, se acercaba a mí y cuando me descuidaba saltaba y me pegaba un lametazo a modo “vale perdona, no lo haré más, no estés enfadado conmigo” Cuando murió la eché mucho de menos, yo la llamaba la loca de la casa, pero la verdad es que no era la loca sino la alegría.
