Estábamos haciendo unas pruebas de tubería en la impulsión que lleva el agua a Calicanto, que iba sobre pilares. Eran pilares en forma de almena de castillo, que brindaban un apoyo al tubo rígido, muy bueno y que se situaban en la punta, a 1/5 de la luz de cada tubo, a fin de que funcionasen mecánicamente como viga continua.

alt="Anécdotas de un currante"Nuestro montador iba por encima de la generatriz superior del tubo, recorriendo la traza en la totalidad del montaje, con el fin de ver mejor las juntas, los tubos y los accesorios. Y además porque al vernos a los técnicos junto a la bomba iba de chulito. Algo así como los niños diciendo: “tú no haces esto”. La realidad es que andar por encima de los tubos es difícil, sobre todo si no miras a cierta distancia de donde pisas, como el aprender a montar en bicicleta.

Como atravesábamos dos pequeños barrancos le pedí que no fuese por encima de la tubería, sino por el camino de servicio. Al principio me hizo caso. Después se volvió a subir en la tubería, ya a cierta distancia, y fue andando por encima de ella. En un momento determinado y no sabemos por qué se fue la luz, y lógicamente la bomba se paró. En estas circunstancias las sobrepresiones por golpe de ariete son las mayores que se pueden registrar. Y, casualmente, se registró.

También casualmente mi amigo José, Pepe “pa los amigos”, pasaba justo por encima de un tubo, que, también casualmente, reventó. Y hete aquí que de pronto mi amigo Pepe se vio en el aire, montado como a lomos de un caballo, encima de una laja de tubo, que no subió mucho, pero a él le parecieron mil metros. Nosotros, que lo estábamos mirando y oímos la explosión, de verdad creímos que, en el mejor de los casos, no volvía a tener hijos por la pérdida de determinados elementos necesarios para estas lides.

 

Volando voy, volando vengo

 

 

El muchacho, en el aire, pasó de postura vertical a caballo encima del tubo, a horizontal encima también del tubo, y el tortazo quedó como la presión: fue uniformemente repartida por todo su cuerpo, por lo que no se hizo nada importante. Pero ya jamás volvió a subir andando por encima de un tubo cuando estaba en carga.

alt="Anécdotas de un currante"Lo que contó, sólo a su amigo íntimo, que resultó no ser tan íntimo porque a su vez me lo contó a mí días después, -ya se sabe, en la obra uno se aburre y si tiene flojo el morro, habla de lo que debe y de lo que no debe-, es que su mujer también le dio un pequeño repaso, con adjetivos calificativos incluidos. Y es que es muy fácil andar por encima de los raíles de la vía del tren en terreno llano, pero andar por esos mismos raíles cuando pasan por un puente… ya la cosa cambia.

Ya, gracias a su amigo íntimo, cuando el resto de los compañeros se enteraron de lo de su mujer le pusieron, un poco por envidia, (porque en su oficio era bueno), un poco por la necesidad de hacerse como dicen los sevillanos,el gracioso, «el pájaro volador». Y con ese nombre se jubiló.