Una anécdota, escrita cuando yo tenía 67 años, que me ha hecho recordar Enrique Cabrera en una dedicatoria de un libro (La regulación de los servicios urbanos de agua), que me ha regalado y yo le agradezco. Decía, entre otras cosas: “Los viejos roqueros nunca mueren” . Era como una carta de despedida del trabajo, pero resulta que lo que hago es una de mis diversiones, esta es la anécdota y por eso y otras razones he continuado estudiando y trabajando el tema.

 

La anécdota

Queridos compañeros y excompañeros, queridos técnicos de organismos oficiales, técnicos de UPV (cátedra de fluidos) en particular, agricultores y todos los que habéis compartido mi vida y mis tiempos de trabajo

Después del nombrecito que me puso el otro día en un e-mail María Eugenia Rodríguez, donde no me llamaba Pedro sino: ” Hola, hombrequedicesevaajubilarperonoselocreenihartodevino”, uno se pone a plantear seriamente que lo que hace le satisface y le hace feliz a pesar de todo, porque además de hacer lo que quiere, disfruta haciéndolo.

Ya el colmo de los colmos es encima cobrar por hacer lo que haces y ya, si ves que a algunos les gusta lo que dices, “la releche”, gracias a Dios . Pero tendré que jubilarme en parte, porque estoy convencido que hay un montón de cosas que no he hecho en mi vida todavía y deseo hacer. Creo que me harán muy feliz y hoy, tal y como vivo, no puedo ni pensar en hacer, pintar, estudiar escribir, investigar en mi pequeño laboratorio o jugar con mis nietos sin miedo al trabajo, o al tiempo y  estar con mi Tere, a pesar de lo que me augura quien piensa que al tercer cuadro me aburriré.

Como persona y como técnico he llegado más arriba de donde yo pretendía llegar y aparece una nueva etapa en mi vida, que no siendo de pasota, sí es de querer disfrutar de las cosas  a las que por mis actividades he tenido que renunciar.

Me pedís que siga de gerente de Rao, pero yo, que conozco bien a mi hija Laura, os digo que con ella las cosas mejorarán; por otro lado con ella siempre me tendréis a mi, pero además con las ganas de la juventud, con la fuerza del que quiere hacer una cosa, con la madurez del que conoce -porque  ha vivido el punto de partida-, con la sensibilidad de una madre, que lo es, con la voluntad de avanzar, con la experiencia de la escasez, con la ilusión de llegar a su meta superior a la mía. Ella sabe y es mucho mejor que yo.

alt="Anécdotas de un currante"

Me pedís también como a un “iaio” (cuestión que no entiendo, total con 67 años, 7 hijos y 14 nietos), que os cuente anécdotas de mi trabajo. A esto os digo que si tuviese que hacer un resumen de mi vida, diría “gracias a todos por hacer que mi trabajo me hiciese feliz y perdón si a alguno lo he fastidiado.”

Si alguna vez escribo mi historia me gustaría que fuese una cosa divertida, que para ponernos serios ya tenemos infinidad de situaciones en la vida. Una de mis referencias han sido los héroes del cómic Mortadelo y Filemón. No he tenido el gusto de conocer a Ibáñez, pero pienso de él que es un tío genial. Siempre que tengo problemas me releo alguno y se me pasa casi todo